
La crema de cacahuete es uno de esos alimentos que despiertan adicción y polémica casi en igual medida. Para algunos, el desayuno perfecto, para otros, es un enemigo calórico que causa temor. Pero, ¿qué hace a esta pasta untuosa tan popular en todo el mundo? Te invitamos a descubrirlo en su día.
Primero, hagamos un poco de historia. A pesar de que ha sido un símbolo culinario de Estados Unidos, sus orígenes remiten a Centroamérica, a los tiempos de las civilizaciones precolombinas, cuna del cacahuete y base de la elaboración.
Sin embargo, la asociación con Estados Unidos no está mal basada, puesto que la versión moderna, esa que se unta en pan y que aparece en películas y series como parte de un tradicional "peanut butter and jelly sandwich", tuvo su auge gracias al empresario estadounidense John Harvey Kellogg, quien la patentó como un alimento fácil de digerir para los pacientes de su sanatorio en Michigan.
El dilema de la crema de cacahuete
Ahora bien, la crema de cacahuete se ha convertido en un tema de conversación en el mundo de la nutrición. ¿Es saludable o deberíamos evitarla? La respuesta, como en muchos alimentos, radica en la moderación y la calidad del producto.
Para ello, se han producido distintos tipos de crema de cacahuete, algunas más naturales, hechas solo con cacahuetes molidos y otras más azucaradas y conservantes. Por supuesto, la opción más saludable supone la primera, que contiene una alta cantidad de proteínas, grasas saludables y fibra.
Siendo objetivos, no se puede negar que la crema de cacahuete posee un valor energético muy positivo. De ahí que su consumo sea ideal para quienes practican deportes o necesitan una fuente de calorías de calidad. Asimismo, la presencia de grasas monoinsaturadas ayudan a reducir el colesterol malo, mientras el magnesio y potasio favorecen la función muscular y nerviosa.
La otra cara del alimento deriva en que precisa un control y consumo moderado de ella para no caer en excesos de grasa que generen aumento de peso.
Las “mil recetas” con crema de cacahuete
Gracias a su versatilidad, la también llamada mantequilla de maní es común encontrarla tanto untada en pan como mermelada, que como complemento de batidos proteicos, salsas para platos asiáticos, relleno de galletas y brownies.
Si eres amante de su sabor, hoy es la oportunidad para disfrutarla, eso sí, con inteligencia y sin remordimientos.
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