El heredero de Estrella Galicia cambia la cerveza por el chocolate salvaje

El heredero de Estrella Galicia cambia la cerveza por el chocolate salvaje

Salvaje llega al mercado español con cuatro tabletas elaboradas en A Coruña, cacao de Uganda y un modelo que dona beneficios a proyectos de conservación animal.
Tabletas de chocolate Salvaje en cuatro colores, elaboradas en A Coruña con cacao sostenible y enfoque de conservación animal.
Salvaje, el chocolate español de Nacho Rivera con cacao trazable y conservación animal
Monday, June 29, 2026 - 13:45

La familia vinculada a Estrella Galicia entra en el universo del chocolate premium. Nacho Rivera, emprendedor de impacto positivo y fundador de The Overview Effect, ha lanzado junto a Naty Gomes Salvaje, una nueva marca española de chocolate que nace con una ambición clara: vender tabletas de alta calidad y, al mismo tiempo, convertir parte de ese consumo en financiación para proyectos de conservación animal.

La propuesta llega al mercado con una lectura muy actual para el sector gourmet: producto, trazabilidad, relato e impacto. En un momento en el que el consumidor ya no pregunta solo qué sabor tiene un chocolate, sino de dónde procede el cacao, cómo se ha producido y qué hay detrás de la marca, Salvaje busca ocupar un territorio propio entre el placer gastronómico y la conciencia ambiental.

La conexión con la saga cervecera gallega es uno de los elementos que más atención ha despertado. Nacho Rivera pertenece a la familia vinculada a Hijos de Rivera, el grupo propietario de Estrella Galicia, aunque Salvaje se presenta como un proyecto independiente, centrado en el cacao y en una idea de impacto que va más allá del discurso habitual de sostenibilidad.

Cuatro tabletas elaboradas en A Coruña y una idea: que el chocolate también proteja

El lanzamiento de Salvaje se articula en torno a cuatro tabletas de 80 gramos elaboradas en A Coruña. La marca sale al mercado con chocolate con leche, chocolate con leche y caramelo salado, chocolate negro 70% y chocolate blanco tostado, una variedad de perfil tostado con notas de galleta y caramelo que busca diferenciarse dentro de un segmento premium tradicionalmente dominado por el chocolate negro de alto porcentaje.

La tableta se vende actualmente en la tienda online de la marca a 8,50 euros, además de estar presente en cafeterías y establecimientos gourmet, con una primera red de puntos de venta concentrada principalmente en A Coruña. La compañía también contempla crecer en el canal B2B, con cestas de regalo para empresas y ediciones personalizadas vinculadas a proyectos de conservación.

La estrategia resulta interesante porque Salvaje no se limita a competir por origen, porcentaje de cacao o envoltorio atractivo. Su apuesta es situarse en un cruce cada vez más valioso para la gastronomía: el de los productos que pueden funcionar como regalo, capricho premium y conversación. En ese terreno, el chocolate tiene una ventaja evidente: es emocional, reconocible y transversal.

También hay una decisión de posicionamiento clara. Salvaje no quiere hablar únicamente al consumidor experto en cacao bean to bar, sino a un público más amplio que busca algo especial, diferente y con historia. Esa es una de las claves de su posible recorrido: convertir una tableta en una pequeña experiencia de marca, sin perder de vista que, antes de cualquier relato, el producto debe funcionar en boca.

Del cacao de Uganda a la conservación del jaguar

El cacao utilizado por Salvaje en su lanzamiento procede de Uganda y es suministrado por Latitude Trade Company, empresa certificada B Corp. La trazabilidad es uno de los pilares del proyecto, junto con el compromiso de evitar materias primas asociadas a deforestación y apostar por cadenas de suministro más justas para los agricultores.

El punto diferencial de la marca está en su vínculo con la conservación animal. Salvaje plantea el chocolate como una herramienta para financiar proyectos que protegen especies afectadas por la pérdida de hábitat. En su arranque, la marca apoya a Hoja Nueva, organización que trabaja en la Amazonía peruana en rescate, rehabilitación y reintroducción de fauna silvestre, con especial atención al jaguar.

“Fueron los animales salvajes los que nos llevaron al chocolate, y no al revés”, ha explicado Nacho Rivera al presentar el proyecto. La frase resume bien el enfoque de la compañía: no partir del chocolate para añadir después una capa de impacto, sino detectar un problema ambiental ligado al cacao y construir desde ahí una marca capaz de financiar soluciones.

La presión del cultivo de cacao sobre ecosistemas tropicales es uno de los grandes debates de la industria. Por eso, la trazabilidad, el origen y la relación con proveedores certificados se han convertido en argumentos de peso para las marcas que quieren jugar en la liga del chocolate premium contemporáneo. Ya no basta con prometer calidad; el consumidor exige saber qué implica esa calidad.

Un chocolate premium que no quiere sonar solemne

La otra cofundadora, Naty Gomes, ha insistido en una idea importante: Salvaje quiere ser sostenible, pero también divertido. La marca no busca que el consumidor compre solo por el componente social o ambiental, sino porque el producto resulte atractivo, sorprendente y gastronómicamente memorable.

Ese equilibrio será decisivo. Muchas marcas con propósito se enfrentan al riesgo de quedar atrapadas en un discurso demasiado institucional, más cercano a la campaña de sensibilización que al deseo de compra. Salvaje parece querer evitar esa trampa con sabores reconocibles, una estética directa y una narrativa que conecta animales, cacao y placer sin renunciar al lenguaje del chocolate gourmet.

El movimiento llega además en un momento especialmente favorable para los productos de pequeño formato con alto valor añadido. El chocolate premium funciona como indulgencia accesible: no exige una gran inversión, puede comprarse por impulso y permite al consumidor sentir que está eligiendo algo mejor, más cuidado y con una historia detrás.

Para el canal gourmet, la entrada de Salvaje abre una línea de lectura interesante: la de las marcas españolas capaces de construir valor no solo desde el origen o la técnica, sino desde el impacto. En un mercado saturado de mensajes sobre sostenibilidad, la diferencia estará en demostrar la trazabilidad, mantener la calidad y hacer que el consumidor quiera volver a comprar cuando ya conoce la historia.

Salvaje acaba de llegar, pero lo hace con ingredientes narrativos muy potentes: una familia empresarial reconocida, chocolate elaborado en A Coruña, cacao trazable, sabores pensados para un público amplio y una causa ligada a la protección de animales salvajes. Si el producto cumple lo que promete, la nueva aventura de Nacho Rivera puede convertirse en una de las marcas de chocolate españolas más comentadas del año.

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