Historia de la cubertería: así conquistó la mesa occidental

Historia de la cubertería: así conquistó la mesa occidental

¿Sabías que la cuchara es el cubierto más antiguo? ¿O que el uso del tenedor no se popularizó hasta hace apenas un par siglos? Descubre la historia de la cubertería: cómo la cuchara, el cuchillo y el tenedor llegaron a las mesas occidentales y cambiaron nuestra forma de comer.
Historia de la cubertería
Historia de la cubertería
Wednesday, September 16, 2026 - 16:00

Cuando has ido a un buen restaurante de esos en los que cada plato se come con un cubierto distinto, habrás jurado sobre el nombre de quien inventara ese protocolo. Pero es que, para que exista hoy este ceremonial de cubertería, cucharas, cuchillos y tenedores debieron de aparecer en algún momento en la cultura occidental. De hecho, no son utensilios que se usen desde siempre, sino que existe una historia detrás, un punto de inflexión que llevó a los europeos a usar cubiertos. ¿Quieres conocerla?

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Cubiertos
Descubre la historia de la cubertería

Antes de los cubiertos, estaban las manos

Durante buena parte de la historia, comer con las manos fue una práctica completamente normal en Europa. No significaba necesariamente falta de educación. 

En muchas sociedades existían reglas muy precisas sobre cómo hacerlo: qué mano utilizar, cómo tomar los alimentos, cómo compartirlos y cómo mantener las manos limpias.

El uso de las manos tampoco desapareció con la llegada de los cubiertos. Determinados alimentos y preparaciones continuaron comiéndose de esta manera y, todavía hoy, existen numerosas culturas gastronómicas en las que hacerlo forma parte de la tradición.

La cuchara, uno de los primeros utensilios de mesa

La cuchara es, probablemente, uno de los utensilios de mesa con una historia más antigua. Mucho antes de que existieran las cuberterías tal y como las conocemos, ya se utilizaban objetos con forma cóncava para recoger líquidos y alimentos blandos.

Se fabricaron con los materiales disponibles en cada época y territorio, desde madera, hueso y conchas hasta metales como el bronce, la plata o el oro. En el Antiguo Egipto, por ejemplo, se han encontrado cucharas de diferentes materiales y formas, aunque no todas estaban destinadas a comer: algunas tenían funciones ceremoniales, cosméticas o simbólicas.

Su presencia en la mesa occidental se consolidó mucho antes que la del tenedor, aunque durante siglos no existió un modelo único ni una manera universal de utilizarla. Su diseño fue adaptándose a las preparaciones y a las costumbres de cada sociedad.

Con la progresiva sofisticación de la etiqueta durante la Edad Moderna y, más tarde, con la industrialización, la cuchara pasó de ser un utensilio cotidiano de formas variables a convertirse en una pieza estandarizada de la cubertería occidental.

cucharas
La cuchara es el cubierto más antiguo

El polémico nacimiento del tenedor

El tenedor tuvo una entrada mucho más complicada en las mesas europeas. Aunque existían antecedentes de utensilios con púas en distintas culturas, su incorporación a Occidente estuvo especialmente vinculada a Italia y a las élites de las cortes europeas.

La tradición histórica suele relacionar su introducción en determinados ambientes italianos con los contactos con el mundo bizantino. Poco a poco, el utensilio comenzó a utilizarse en las mesas aristocráticas y a extenderse entre las élites. Pero no todos lo recibieron con entusiasmo. En determinados contextos, utilizar un tenedor podía incluso parecer una extravagancia innecesaria. ¿Para qué utilizar un utensilio de dos o tres púas cuando los dedos cumplían perfectamente la función?

Alrededor del tenedor también surgieron críticas de carácter moral y religioso. 

Algunas de las historias que han llegado hasta nuestros días han adquirido tintes legendarios, pero sirven para ilustrar una realidad: el tenedor tardó mucho tiempo en convertirse en un objeto cotidiano.

El cuchillo también tuvo que cambiar

Curiosamente, el cuchillo de mesa experimentó una transformación decisiva antes de que el tenedor terminara de imponerse.

Durante la Edad Media era habitual que los cuchillos tuvieran puntas muy afiladas. Servían para cortar, pero también podían utilizarse para pinchar y llevar los alimentos a la boca. En una mesa donde cada comensal podía utilizar su propio cuchillo, aquello tenía sentido práctico.

Durante el siglo XVII comenzaron a imponerse en Francia cuchillos con puntas más redondeadas. La tradición atribuye al cardenal Richelieu un papel en la popularización de esta modificación, aunque la historia se ha transmitido con elementos difíciles de verificar. En cualquier caso, el cambio coincidió con una época en la que las normas de comportamiento en la mesa adquirían cada vez mayor importancia.

La etiqueta convierte los cubiertos en norma

Durante los siglos XVII y XVIII, especialmente entre las clases acomodadas, las comidas se convirtieron cada vez más en espacios regulados por normas de comportamiento. No bastaba con saber qué comer. También había que saber cómo comerlo.

La posición de los cubiertos, la manera de sujetarlos, el orden de los platos, la utilización de determinados utensilios para alimentos concretos y hasta la forma de limpiarse la boca comenzaron a formar parte de los códigos de comportamiento de las élites.

Los cubiertos adquirieron entonces una nueva dimensión, pues ya eran también una forma de demostrar educación y pertenencia social.

protocolo de los cubiertos
La posición de los cubiertos es una comunicación de intenciones y educación

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De tres cubiertos a una auténtica colección

La cubertería contemporánea terminó desarrollando una enorme variedad de piezas. Además del clásico trío formado por cuchillo, tenedor y cuchara, aparecieron utensilios específicos para prácticamente cualquier alimento: cucharillas de café, tenedores de pescado, cuchillos de carne, cucharas de postre, pinzas para determinados mariscos, palas para tartas o utensilios para servir.

Esta especialización refleja una transformación de la propia gastronomía.

A medida que las cocinas occidentales desarrollaron preparaciones más complejas y los servicios de mesa se sofisticaron, también aumentó la necesidad de contar con herramientas adecuadas para cada plato.

Lo que comenzó como una cuestión eminentemente práctica terminó convirtiéndose en todo un lenguaje de la mesa. La cubertería indicaba qué comer, cómo hacerlo y, en determinados contextos, incluso quién sabía desenvolverse correctamente en sociedad.

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