¿Hay sitio para tanto restaurante en Madrid?

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Cristina Ybarra
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restaurantes

En apenas dos meses, Madrid ha sido testigo del cierre de restaurantes que, en otro momento, parecían inquebrantables. El emblemático Club Allard, con una estrella Michelin hasta hace apenas unos meses; Robuchon Madrid, insignia del legado del chef más estrellado del mundo; el popular Totó, respaldado por figuras como Rafael Nadal y Cristiano Ronaldo; Iztac, que, tras 7 años ofreciendo la auténtica gastronomía mexicana, baja la persiana; Haches, el restaurante propiedad de Javier Ungría, ubicado en el centro de Madrid, ha cerrado debido a problemas económicos derivados de disputas legales personales del propietario; RedBar 24h, conocido por ser el único restaurante de servicio ininterrumpido en Madrid, se vio obligado a cerrar temporalmente en febrero de 2025 y a presentar un ERE para 46 empleados, debido a sanciones relacionadas con el incumplimiento de horarios establecidos por la normativa local; o la Mamona situado en la Castellana. Incluso conceptos innovadores como Cereal Hunters Café, pionero en su categoría, han bajado la persiana. 

¿Qué está ocurriendo en la capital gastronómica de España?

La saturación del éxito

El fenómeno no es nuevo, pero se intensifica.

Madrid es una ciudad que devora proyectos”, advertía hace unas semanas Tomás Tarruella, fundador del Grupo Tragaluz.

 Y no le falta razón. Con más de 31.000 establecimientos hosteleros activos, la capital española se ha convertido en una meca culinaria donde cada semana abre un nuevo local prometiendo una experiencia única, diferenciadora, instagrameable y con producto de kilómetro cero.

Sin embargo, este crecimiento vertiginoso plantea una pregunta inevitable: ¿hay sitio para todos?

El cliente gourmet, más exigente

En un entorno competitivo donde el comensal madrileño se ha sofisticado, ya no basta con ofrecer buena comida. El ambiente, la historia detrás del plato, la coherencia del concepto y la sostenibilidad se han vuelto factores clave. El cliente quiere más que una cena: busca una experiencia con alma.

Pero si bien esto eleva el nivel de la oferta gastronómica, también filtra sin piedad a los que no logran mantenerse a la altura o no encuentran su público.

Los costes, la otra cara del plato

A la exigencia del mercado se suman costes crecientes: alquileres elevados, materias primas premium, dificultades para encontrar y mantener talento cualificado y, en muchos casos, una rentabilidad esquiva. Muchos chefs y empresarios coinciden: los márgenes son ajustados y el tiempo de vida media de un restaurante, cada vez más corto.

La inflación, el incremento del salario mínimo y los cambios en los hábitos de consumo post-pandemia (menos salidas entre semana, más delivery, más cocina casera saludable) también están redefiniendo el panorama.

Reinventarse o morir (de éxito)

La moraleja no es pesimista. Madrid sigue siendo una de las ciudades más vibrantes de Europa en lo gastronómico. Pero su dinamismo también exige agilidad, autenticidad y capacidad de adaptación. No todo vale. No todo perdura.

Muchos de los cierres recientes no son fracasos, sino síntomas de una ciudad viva, en ebullición constante, donde la creatividad culinaria florece… pero también se recicla. El reto está en crear propuestas sólidas, sostenibles en el tiempo y con verdadero valor añadido.

Porque Madrid sí tiene sitio para muchos restaurantes. Pero no para todos.

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Cristina Ybarra