
Cae el sol y el mundo musulmán se despierta. Tras un día de trabajo y rezo, la mesa se llena de los más suculentos manjares, mientras que, son el agua y los dátiles la primera ingesta desde que amaneció hace largas horas. Ha comenzado el Ramadán con la llegada del 1 de marzo y con ello el mundo árabe se levanta en un agradecimiento colectivo mientras ayuna, aunque la comida, al final del día, es lo menos importante de este mes tan especial.
Ayuno de cuerpo y mente
El Ramadán pone a prueba a los fieles ya que testa la disciplina de las personas, lo que se traduce en el crecimiento más personal e íntimo de todos aquellos que lo practican, en una unión de fortaleza física y mental regida por el ayuno. Esta práctica, realizada al noveno mes del calendario islámico, busca que los musulmanes realicen un ejercicio de mantenerse alejados de todas las tentaciones. Aunque el Ramadán es mucho más que alejarse de la comida, la gastronomía es lo que aquí nos atañe.
Ayuno, oración, caridad, profesión de fe y peregrinaje son los cinco pilares del mes sagrado de esta religión.
El iftar y el suhur ponen los límites del ayuno, ¿qué se come en Ramadán?
Al atardecer, se rompe el ayuno con el iftar, y vuelve a comenzar al amanecer, antes del que se realiza el suhur, la última comida. El suhur suele consistir en yogur, fruta y platos ligeros pero muy nutritivos y que aporten carga de energía suficiente para afrontar el día -ya que, en muchos países, la vida no se frena con el ayuno-.
Por la noche, la cena o iftar quiere recuperar energías rápidamente con elaboraciones mucho más consistentes donde el protagonista es la socialización. Guisos, sopas, carnes, miel y frutos secos enriquecen la gastronomía árabe que aviva las grandes mesas compartidas durante este mes.
La gastronomía durante el Ramadán adquiere una dimensión que implica la hora del disfrute de la compañía de los más allegados alrededor de platos tradicionales y caseros:
Los dátiles son el ingrediente principal. Se comen solos para comenzar, simbolizando la humildad y siguiendo los pasos de Mahoma, el profeta del islam. Más allá, se toman tanto en postres, con coco y miel como acompañantes principalmente, o en platos salados.
La harira es una sopa con pollo, ternera, tomate, lentejas, garbanzos y cilantro. Se prepara durante todo el año, pero durante el Ramadán, la harira contiene todos los nutrientes que requiere el organismo para recuperarse del ayuno. Se suele acompañar de dátiles, higos o shebbakiyya, un hojaldre de frutos secos y miel.
La malawah es el pan más típico que acompaña a los platos fuertes de la cocina árabe. También llamado mlawi, es muy popular en Oriente Medio, mientras que el en norte de Marruecos se consume más otro tipo de pan llamado harcha, con sémola de maíz.
El beghir es un postre muy típico del Ramadán y general de la cocina magrebí. Hablamos de una especie de crepe de sémola y levadura muy esponjoso. Se suele comer con nueces, almendras y miel, aunque previamente se sumerge en un almíbar de mantequilla y miel. Se puede decir que a la gastronomía árabe no le falta el dulce, aunque sí se trata del más natural.