
Se habla mucho de la carbonara: que si debe llevar huevo y no nata; que si el beicon no es el guanciale tradicional, etcétera. Y no podemos dejar de darles la absoluta razón a todos los que defienden la receta original.
A muchos platos se les puede permitir ser versionados, pero a la carbonara… no queremos la sentencia de los romanos. Por eso, ¿de qué más se puede hablar sobre la más famosa salsa italiana? Pues tal vez quieras conocer con qué vinos maridarla para disfrutar de tu plato de pasta al 100 %.
¿Qué maridaje requiere una buena carbonara?
Maridar una pasta carbonara no es complicado, así que, ya que estamos en Italia con el corazón, también lo haremos con el paladar: el vino debe ser italiano.
La tendencia de la carbonara es ser una pasta dulce y con cuerpo, a la que el tocino aporta salinidad y el huevo, grasa. Para crear una armonía en boca, se requiere un vino blanco fresco y de aroma intenso, con la acidez justa para compensar la untuosidad del plato.
Algunas opciones para la carbonara más romana:
Gavi DOCG: Vinos tranquilos y sutiles, pero con carácter y delicadas notas minerales.
Vermentino de Bolgheri: Lo antecede un atractivo color amarillo claro muy brillante. Es un vino muy expresivo gracias a las notas de frutas ácidas, aunque maravillosamente seco.
Frascati Superiore: Es un vino limpio, salino y persistente. Se perciben tonos herbáceos en nariz y boca, así como notas a manzana y pera.
Soave Classico: Este vino volcánico nace en el norte de Italia. Se elabora con uva garganega, muy aromática, con notas de flores blancas y almendra en nariz. Su sabor es ácido y estructurado.
Classic Brut Method: Para una cena tal vez más elegante, o si no eres demasiado fan del blanco, un espumoso algo más amargo —aunque ácido y equilibrado— también es una excelente opción.
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