Marco Brocani destapa el vino volcánico que sorprende a los sumilleres: Tamerán Malvasía 2021
Hay vinos que llegan a la mesa con discreción y otros que, sin hacer ruido, acaban quedándose en la memoria. No por lo evidente, sino por lo que esconden. Por esa sensación de estar probando algo que no encaja del todo en lo que uno esperaba. Tamerán Malvasía Volcánica 2021 pertenece claramente a esta segunda categoría.
En esta entrega de Un vino, Un sumiller, es Marco Brocani, desde la sala de Ugo Chan, quien pone el foco en uno de los vinos que más le han marcado en el último año. Y no lo hace desde el entusiasmo fácil, sino desde el conocimiento de quien ha visto evolucionar una bodega y reconoce cuándo algo empieza a cambiar de nivel.
De Londres a Madrid: cuando el vino es una forma de entender el mundo
El recorrido de Marco en el vino no es lineal, ni tampoco previsible. Como ocurre muchas veces en esta profesión, todo empieza lejos de donde termina. En su caso, en Londres, trabajando como camarero y descubriendo dos estilos que le marcarían profundamente: los jereces y los oportos.
No es casual. Ambos vinos tienen historia, capas, contexto. Y eso es precisamente lo que le atrapa. La conexión entre vino y relato.
Su paso por Sign of the Don, ubicado en una antigua casa de crianza de Sandeman, no hace más que reforzar esa mirada. Allí entiende que el vino no es solo un producto, sino una construcción cultural. Un lenguaje.
Pero es en 67 Pall Mall donde ese aprendizaje se vuelve total. Un espacio donde el vino se vive a 360 grados, donde cada botella es una puerta de entrada a una región, una técnica o una forma de pensar.
Seis años después, aterriza en España. Primero Ambivium, con su enfoque enológico ligado a Pago de Carraovejas. Y desde 2023, Ugo Chan, donde la cocina y la sala dialogan desde una mirada contemporánea.
El descubrimiento: un vino que no responde a lo esperado
“Ha sido uno de los grandes descubrimientos del año pasado”, explica. Y la frase, en boca de un sumiller, no es menor.
Lo interesante no es solo el vino en sí, sino el contexto: Brocani ha podido seguir de cerca la evolución de la bodega Tamerán en los últimos años. Y ahí está una de las claves.
Porque Tamerán no es un proyecto que haya irrumpido de golpe. Es un proyecto que ha ido afinando, corrigiendo, entendiendo su territorio. Y ese proceso, cuando se traduce en botella, se nota.
El resultado es un vino que rompe con la idea preconcebida de la Malvasía volcánica. Más serio. Más complejo. Pero sin perder ese punto lúdico que la hace reconocible.
“Es fresco, divertido y un poco canalla”, resume.
En copa: tensión, salinidad y una fruta que sostiene todo
Visualmente, el vino se presenta con un amarillo pajizo limpio y brillante. Pero es en nariz donde empieza a construir su identidad.
Cítricos, fruta blanca, flores, un toque especiado, algo de pan tostado. No hay una sola dirección, sino varias capas que se van abriendo poco a poco.
En boca, la clave está en la tensión.
Es un vino sabroso, con un punto salino muy marcado, inevitable en su origen, y una acidez que no molesta, sino que empuja el conjunto. La fruta, principalmente cítrica y de hueso, actúa como eje vertebral, sosteniendo una estructura que se alarga y permanece.
No es un vino fácil, pero tampoco es un vino complicado. Es un vino que pide atención.
Tamerán: cuando el territorio se convierte en discurso
Detrás de este vino hay una historia que explica muchas cosas. La de David Silva y Jonatan García, dos perfiles distintos que coinciden en una misma idea: hacer vinos que hablen de lugar.
David Silva, conocido mundialmente por su carrera futbolística, lleva años desarrollando una relación profunda con el vino. No desde el marketing, sino desde la curiosidad. Viaja, prueba, compara. Borgoña aparece como referencia constante.
Jonatan García, por su parte, aporta el conocimiento técnico desde Suertes del Marqués, uno de los proyectos más sólidos de Canarias.
Tamerán, “tierra de valientes”, nace en plena pandemia, en San Bartolomé de Tirajana, integrada en el propio viñedo. No es un detalle menor. La bodega no se impone al paisaje: forma parte de él.
Viñedo y elaboración: precisión sin artificios
El viñedo se sitúa entre los 620 y los 700 metros de altitud, en suelos volcánicos pobres, rocosos, exigentes. Cepas en pie franco, sin injertos, trabajando con variedades locales como marmajuelo, verdello, vijariego o malvasía.Aquí no hay atajos.
La fermentación se realiza en fudres de gran capacidad con levaduras autóctonas. La crianza, durante diez meses sobre lías en barricas de 500 litros, busca aportar textura sin invadir.
En campo, no se utilizan herbicidas ni insecticidas. En bodega, mínima intervención, con el SO2 como única herramienta.
El objetivo es claro: no maquillar el vino. Dejar que el territorio se exprese.
Una Malvasía que cambia el relato
La Malvasía volcánica, durante años, ha estado asociada a vinos ligeros, frescos, a veces con cierto dulzor residual. Una interpretación cómoda. Tamerán propone otra cosa.
Una Malvasía más seria, más estructurada, más profunda. Un vino que no renuncia a su carácter aromático, pero que lo lleva hacia un terreno más gastronómico.
Ahí está su verdadero valor: no rompe con la variedad, pero sí amplía su discurso.
El vino como experiencia: música, cine y mar
Cuando se le pregunta por la banda sonora, Brocani no duda: Soda Stereo. Hay algo en la energía del grupo que conecta con el vino. Ritmo, intensidad, cierta nostalgia.
El maridaje tampoco es técnico. Es emocional: ostras, playa y tiempo libre.
Y si hubiera que compartirlo con alguien, la elección es clara: Quentin Tarantino. Quizá porque, como sus películas, este vino también mezcla capas, referencias y giros inesperados.
Gran Canaria, en el mapa
Más allá de la botella, Tamerán representa algo más amplio: el momento que vive el vino canario.
Durante años, las islas han sido vistas como una rareza dentro del panorama nacional. Hoy empiezan a ocupar otro lugar.
Proyectos como este demuestran que no se trata solo de identidad, sino de calidad.
Con apenas 3.700 botellas en el caso de esta Malvasía, el vino no busca volumen. Busca posicionamiento.
Y lo está consiguiendo.
Hay vinos que se explican. Y hay otros que se descubren. Este, claramente, pertenece a los segundos.