Alberto Rivera elige Lafou Els Amelers, el blanco que siempre vuelve a su copa
En Un Vino, Un Sumiller, seguimos descubriendo etiquetas que dejan huella a través de quienes conviven con ellas cada día desde la sala. En esta ocasión, el protagonista es Alberto Rivera, sumiller y propietario de Candeli, en Madrid, que comparte uno de esos vinos que no solo recomienda: también mantiene como fijo en carta desde hace años.
Su elección es Lafou Els Amelers 2024, un blanco de Garnacha Blanca elaborado en la D.O. Terra Alta que, según explica, reúne precisamente lo que busca en un vino gastronómico: carácter, profundidad, frescura y una extraordinaria versatilidad en mesa.
Un sumiller construido entre Madrid, Londres, Ibiza y Nueva York
La trayectoria de Alberto no responde al itinerario clásico del sumiller que nace directamente entre botellas. Su punto de partida fue el turismo, aunque la hostelería siempre estuvo cerca.
Madrileño de origen, comenzó trabajando los fines de semana junto a su tío, el conocido hostelero Gerardo del Grupo Oter, mientras estudiaba. Aquella experiencia terminó convirtiéndose en vocación.
Después llegaron distintas etapas profesionales fuera de España, Londres, Ibiza, Nueva York, antes de regresar y profundizar definitivamente en la profesión con formación específica en la Cámara de Comercio, donde cursó estudios de sumillería y maestro de sala.
Su recorrido le llevó a desempeñar prácticamente todos los roles posibles dentro de un restaurante: barra, marisquería, sala, dirección. Hasta que en 2015, junto a su hermano, dio forma a Candeli, proyecto que hoy cumple una década consolidado como una de las referencias madrileñas para quienes entienden la parrilla y el producto como experiencia gastronómica.
Por qué Lafou Els Amelers siempre vuelve a su copa
No todos los vinos que entran en una carta se convierten en permanentes. Algunos funcionan por temporada. Otros responden a tendencias pasajeras. Y luego están esos vinos que encuentran su sitio con naturalidad y ya no se mueven. Ese parece ser el caso de Lafou Els Amelers.
“Me parece un vino muy singular, sobre todo por la variedad de la Garnacha Blanca, que es muy típica de la Terra Alta. Es una expresión máxima de lo que puede ofrecer esta uva”, explica Alberto.
El sumiller lo define como un blanco profundamente mediterráneo, con fruta, tensión cítrica y suficiente profundidad para trascender el cliché del blanco ligero.
“Tiene una relación calidad-precio brutal. Lleva ya bastantes años con nosotros y es un fijo en la carta de Candeli”.
Y probablemente esa sea una de las claves de su éxito: funciona tanto para el aficionado que busca disfrute inmediato como para quien aprecia capas más complejas en copa.
Qué hace especial a Lafou Els Amelers
Lafou Els Amelers 2024 es un monovarietal de 100% Garnacha Blanca elaborado por Lafou Celler, en Batea, corazón de la Terra Alta.
Las uvas proceden de viñedos viejos y jóvenes situados a unos 400 metros de altitud, combinación que permite equilibrar frescura y madurez.
Su elaboración busca respetar el carácter varietal sin renunciar a la complejidad. El vino trabaja entre seis y siete meses con sus lías. El 90% se vinifica en depósitos de acero inoxidable y huevos de hormigón, mientras el 10% restante pasa entre tres y cuatro meses en barricas de roble de 300 litros con tostado muy ligero, aportando estructura sin borrar frescura. :contentReference[oaicite:2]{index=2}
En copa aparece con color amarillo pálido, reflejos pajizos y un perfil brillante de aspecto glicérico.
En nariz destacan pomelo, piel de limón, jazmín, albaricoque, melocotón de viña y almendra tierna, acompañados de un fondo mineral muy reconocible.
En boca ofrece amplitud, textura untuosa y una acidez viva que sostiene el conjunto con un final largo, ligeramente salino y muy gastronómico.
Una Garnacha Blanca con historia
Detrás del vino está Ramon Roqueta Segalés, miembro de una familia cuya tradición vitivinícola documentada en Cataluña se remonta a 1199.
Tras formarse como ingeniero agrónomo y completar estudios enológicos en Francia, quedó fascinado por la expresión de la Garnacha en zonas como Châteauneuf-du-Pape. Esa experiencia le llevó a buscar un territorio donde desarrollar un proyecto propio centrado en la variedad.
La respuesta apareció en la Terra Alta.
Así nació Lafou Celler en 2007, con la voluntad de reivindicar el potencial de las variedades autóctonas y del paisaje calcáreo de la zona. El nombre remite a los pasos estrechos o gargantas que definen parte del relieve local.
Lafou Els Amelers llegaría en 2012 como homenaje a los almendros que conviven con las viñas de la finca Mas Gabrielet.
Su impacto fue inmediato: la añada inaugural logró la Gran Medalla de Oro en Grenaches du Monde 2013, siendo el único vino catalán distinguido con la máxima categoría en aquella edición.
El lado más personal del sumiller
Si Alberto Rivera tuviera que llevar este vino a un lugar concreto, lo tiene claro: una playa del Mediterráneo, en Formentera.
Si pudiera compartir la botella con un personaje famoso, elegiría a Joaquín Sabina.
Y en la mesa, su maridaje perfecto apunta directamente a casa: un carabinero a la brasa o un pescado a la parrilla de Candeli.
Porque algunos vinos funcionan bien. Otros, además, encuentran su lugar natural. Y Lafou Els Amelers parece haber encontrado el suyo entre brasas, sala y memoria líquida.