Alberto Juzgado elige Mirando al Sur, el Rioja que une dos de las grandes tradiciones vinícolas de España
Hay vinos que impresionan por su complejidad. Otros por su rareza. Y algunos, muy pocos, consiguen quedarse para siempre en la memoria de quien los descubre. Para Alberto Juzgado, sumiller y responsable de sala de Kappo, uno de los restaurantes japoneses más reconocidos de Madrid, ese vino es Mirando al Sur, una de las elaboraciones más personales del enólogo francés Olivier Rivière.
“Es un vino que conocí hace diez u once años aproximadamente y es tan especial que me ha acompañado en cada momento y en cada sitio donde he estado. Siempre ha estado presente en los momentos importantes con la familia y los amigos”, explica.
La elección no es casual. Mirando al Sur es un vino difícil de clasificar, sorprendente desde el primer sorbo y capaz de romper las expectativas incluso de los aficionados más experimentados. Un Rioja que recuerda sutilmente a los grandes vinos de Jerez y que ha terminado convirtiéndose en una de las referencias imprescindibles en la trayectoria profesional y personal de Juzgado.
De Gran Canaria a Kappo: una vida dedicada al vino
La historia de Alberto Juzgado en el mundo de la hostelería comenzó lejos de Madrid. Sus primeros pasos profesionales los dio en Las Palmas de Gran Canaria, donde realizó un curso de sala y jefe de rango que marcaría el inicio de su carrera.
Tras aquella primera experiencia trabajando en un hotel, decidió trasladarse a Madrid. Durante años gestionó un negocio propio junto a varios socios, aunque pronto comprendió que su verdadera vocación estaba en el universo del vino.
Ese interés le llevó a completar la formación de sumiller en la Cámara de Comercio y a seguir profundizando en una profesión que terminaría definiendo su trayectoria.
Uno de los capítulos más importantes de su carrera llegó con el proyecto japonés KBK, posteriormente conocido como Kabutokaji, en Pozuelo de Alarcón. Allí permaneció durante cinco años antes de incorporarse a Kappo, donde lleva ya casi una década formando parte de uno de los equipos más respetados de la gastronomía madrileña.
Cuando se le pregunta por premios o reconocimientos, responde con la misma naturalidad con la que habla de vino: “Para mí el mayor premio es ver a la gente feliz y disfrutando de los vinos que les ponemos”.
Un Rioja que mira a Jerez
Si Alberto Juzgado tuviera que resumir Mirando al Sur en una sola idea, hablaría de un puente. Un puente entre dos de los territorios vinícolas más importantes de España: Rioja y Jerez.
El vino está elaborado exclusivamente con Viura, procedente de viñas viejas cultivadas en ecológico situadas entre los municipios riojanos de Cárdenas y Labastida, a una altitud de entre 500 y 600 metros sobre el nivel del mar.
Las cepas, con más de medio siglo de vida, crecen sobre parcelas de arena calcárea y cantos rodados que aportan parte de la personalidad mineral que caracteriza al vino.
La fermentación se realiza en fudres durante diez meses y posteriormente comienza el proceso que convierte a Mirando al Sur en una elaboración única dentro de Rioja: una larga crianza en botas procedentes de Jerez.
Olivier Rivière utiliza botas que anteriormente contuvieron manzanilla, fino, palo cortado, amontillado y oloroso. El mismo vino base evoluciona en estos recipientes, incorporando matices propios de las grandes crianzas biológicas y oxidativas andaluzas.
“Por eso se llama Mirando al Sur”, explica Alberto. “Para mí crea un puente entre Rioja y Jerez”.
La visión de Olivier Rivière
Detrás de Mirando al Sur se encuentra uno de los nombres más influyentes de la denominada Nueva Rioja.
Nacido en Cognac, Olivier Rivière estudió enología en Burdeos y completó su formación en algunos de los territorios más prestigiosos del mundo del vino, entre ellos el mítico Domaine Leroy en Borgoña. Allí absorbió la filosofía biodinámica impulsada por Lalou Bize-Leroy y una visión profundamente ligada al terruño.
Su llegada a España se produjo en 2004 gracias a Telmo Rodríguez, quien le invitó a colaborar en la conversión biodinámica de varios viñedos riojanos.
La experiencia cambió sus planes. Lo que iba a ser una estancia temporal terminó convirtiéndose en una nueva vida profesional. Dos años después fundó su propio proyecto y comenzó a elaborar vinos a partir de pequeñas parcelas seleccionadas bajo criterios ecológicos y biodinámicos.
Hoy, su bodega situada en Huércanos está considerada uno de los referentes de la viticultura contemporánea en Rioja.
Cómo sabe Mirando al Sur
Visualmente presenta un atractivo color amarillo dorado brillante con reflejos maduros.
En nariz aparecen notas de frutos secos tostados, avellanas, hierbas aromáticas, matices anisados y una marcada sensación salina que recuerda de forma elegante a algunos finos y manzanillas.
En boca es amplio, sedoso y profundo. La acidez sostiene el conjunto con precisión y desemboca en un final mineral, largo y persistente que deja una huella difícil de olvidar.
La añada actualmente en el mercado incorpora además una crianza especialmente prolongada, superando los cuarenta meses de evolución en bota.
La producción es extremadamente limitada: apenas unas 1.200 botellas destinadas al mercado español. Una exclusividad que no ha pasado desapercibida para la crítica internacional. La Guía Parker otorgó 95 puntos a la añada 2020.
La canción, el maridaje y el recuerdo
Si Mirando al Sur fuese una canción, Alberto Juzgado no tiene dudas. Sonaría a La apariencia no es sincera, de Héroes del Silencio.
Y si pudiera compartir una botella con alguien, elegiría a Enrique Bunbury.
En cuanto al maridaje perfecto, tampoco vacila. “Marida perfectamente con Kappo”, asegura. Un vino versátil capaz de acompañar gran parte del menú degustación del restaurante.
Pero quizá la respuesta más reveladora llega cuando habla de recuerdos.
“Después de separarme y comenzar mi relación con mi actual pareja, hace ya unos diez años, fue el primer vino que le puse. Lo pasamos súper bien”.
Y probablemente ahí resida la verdadera grandeza de Mirando al Sur. Más allá de los puntos, las crianzas o las técnicas de elaboración, es uno de esos vinos que terminan formando parte de la vida de quien los descubre.
Cada vino encierra un relato. Y seguimos descubriéndolos en Un Vino, Un Sumiller.