¿Por qué hay personas que sienten atracción por sabores extremos?

¿Por qué hay personas que sienten atracción por sabores extremos?

La atracción por los sabores extremos —desde el picante abrasador hasta el amargor intenso, la acidez extrema o incluso alimentos con olores muy penetrantes— es un fenómeno en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y culturales.
La comida picante suele reflejar la atracción por sabores extremos
La comida picante suele reflejar la atracción por sabores extremos
Viernes, Junio 19, 2026 - 20:00

La atracción por los sabores extremos —desde el picante abrasador hasta el amargor intenso, la acidez extrema o incluso alimentos con olores muy penetrantes— es un fenómeno en el que intervienen factores biológicos, psicológicos y culturales.

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El placer de "sobrevivir" a una experiencia intensa

Uno de los motivos más estudiados es el llamado masoquismo benigno, un concepto desarrollado por el psicólogo Paul Rozin. Según esta teoría, algunas personas disfrutan de experiencias que el cerebro interpreta inicialmente como una amenaza, siempre que sepan que no existe un peligro real.

Es lo que ocurre al comer un chile extremadamente picante. El organismo reacciona como si estuviera sufriendo una agresión: aumenta la frecuencia cardíaca, aparece sudoración y se liberan endorfinas. Cuando el cerebro confirma que no hay riesgo real, muchas personas experimentan una sensación de euforia o satisfacción.

El mole poblano es un sabor amargo que no gusta a todos los que no se han criado con él
El mole poblano es un sabor amargo que no gusta a todos los que no se han criado con él

¿Existe una explicación evolutiva para esta atracción por lo extremo?

Algunos investigadores sugieren que la atracción por determinados sabores intensos podría estar relacionada con una ventaja evolutiva indirecta. Los seres humanos somos omnívoros y necesitamos explorar nuevos alimentos. Aquellos individuos más abiertos a probar sabores desconocidos podrían haber tenido acceso a una dieta más variada. Sin embargo, esta hipótesis sigue siendo objeto de debate y probablemente no explique por sí sola el fenómeno.

El gusto se aprende

Aunque solemos pensar que los sabores son una cuestión innata, gran parte de nuestras preferencias se construyen con la experiencia. El café, la cerveza, las aceitunas, el queso azul o el chocolate negro suelen resultar desagradables para muchos niños. Sin embargo, la exposición repetida permite que el cerebro aprenda a apreciar esos sabores complejos.

Más allá del picante, sabores extremos que nos atraen

Cuando se habla de sabores extremos, el picante suele acaparar toda la atención, pero existen otras formas de intensidad gustativa:

  • El amargor pronunciado de algunos licores o aperitivos. 

  • La acidez de determinados cítricos o fermentados

  • El umami concentrado de alimentos fermentados

  • Los aromas intensos de quesos curados o pescados fermentados. 

En todos los casos, la clave parece ser la misma: el cerebro disfruta explorando estímulos fuera de lo habitual cuando percibe que la experiencia es segura y controlada.

Por eso, para muchas personas, un sabor extremo es una forma de aventura gastronómica. De hecho, cuanto más desafiante es la experiencia, mayor puede ser la recompensa emocional al superarla.

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