Spritz, la burbuja italiana que cambió para siempre la hora del aperitivo

Spritz, la burbuja italiana que cambió para siempre la hora del aperitivo

El spritz nació en el Véneto y hoy es símbolo del aperitivo italiano: ligero, amargo, burbujeante y perfecto para las tardes de verano.
Copa de spritz naranja con hielo, pajita y rodaja de naranja sobre una mesa de madera junto a una piscina azul.
Spritz, cóctel italiano de verano junto a la piscina
Lunes, Julio 6, 2026 - 19:45

El spritz parece nacido para el verano, aunque su historia empezó mucho antes de que Instagram lo convirtiera en una copa imprescindible de terraza. Ligero, refrescante, amargo, dulce en su punto y siempre burbujeante, este cóctel italiano ha conseguido algo difícil: ser sencillo sin resultar plano y popular sin perder su aire de aperitivo elegante.

Hoy basta ver una copa grande llena de hielo, tonos anaranjados, una rodaja de cítrico y burbujas subiendo hacia la superficie para pensar en vacaciones, sobremesas largas o tardes cálidas. Pero el spritz no nació como una receta cerrada. Nació como una forma de beber más ligera. Y, sobre todo, nació cuando apareció la burbuja.

La historia más repetida sitúa sus raíces en el Véneto, en el siglo XIX, durante la presencia austriaca en el norte de Italia. Los soldados y funcionarios austriacos, poco acostumbrados a la intensidad de algunos vinos locales, pedían rebajarlos con un poco de agua. El gesto era sencillo: aligerar el vino. El nombre, de hecho, suele relacionarse con el verbo alemán spritzen, que significa rociar o salpicar.

El spritz nació cuando llegó la soda

Durante mucho tiempo, aquel primer spritz no se parecía demasiado al que hoy pedimos en una terraza. Era, básicamente, vino blanco rebajado. La gran transformación llegó con la comercialización de la soda en el siglo XIX y con la entrada de las bebidas carbonatadas en la cultura de bar.

Guido Zarri, ex dueño de Bitter Select, lo resumió con una frase perfecta: “el spritz nace cuando nace la soda”. Porque el spritz no se convierte de verdad en spritz hasta que aparece la burbuja. Es la soda la que cambia la textura, la percepción de frescor y la forma de beberlo. A partir de ese momento, la mezcla de vino blanco y soda empieza a instalarse en los bares italianos como una bebida ligera de aperitivo.

Después llegaron los aperitivos amargos. Y con ellos, el spritz empezó a adquirir color, carácter y una identidad propia. El bitter aportó ese equilibrio entre dulzor, amargor y notas herbáceas que hoy define a muchas de sus versiones. El prosecco sustituyó al vino tranquilo en la receta moderna y la copa ganó elegancia, gas y vocación internacional.

La International Bartenders Association recoge el spritz con una fórmula clara: prosecco, Aperol y soda, servido en copa de vino con hielo y decorado con una rodaja de naranja. Pero una de las razones de su éxito es precisamente que el spritz es más una familia que una receta única.

Aperol, Campari, Select o Hugo: los tipos de spritz que hay que conocer

El Aperol Spritz es, sin duda, la versión más conocida y fotografiada. Su color naranja, su amargor amable y su perfil cítrico lo han convertido en el gran embajador mundial del aperitivo italiano. Es ligero, refrescante y fácil de beber, ideal para quienes prefieren una entrada más suave en el mundo de los bitters.

El Campari Spritz, en cambio, juega en otra liga de intensidad. Utiliza Campari en lugar de Aperol y ofrece un resultado más amargo, más rojo y más robusto. Es una opción para quienes disfrutan de sabores más secos, complejos y persistentes, con ese punto adulto que tiene la coctelería amarga bien equilibrada.

El Select Spritz está especialmente ligado a Venecia. Select nació en 1920 y se asocia al aperitivo veneciano clásico, con un perfil más herbáceo y aromático. Frente a la rodaja de naranja del Aperol, el Select Spritz suele servirse con aceituna verde, un detalle que refuerza su carácter salino y aperitivo.

Y luego está el Hugo Spritz, que técnicamente no responde al patrón más tradicional del bitter italiano, pero se ha ganado un lugar dentro de la familia. Se prepara con prosecco, flor de saúco, soda, menta y lima. Es más floral, más suave y muy refrescante, perfecto para quienes buscan una alternativa menos amarga y más aromática.

¿Cuál es el mejor spritz? Depende del momento y del paladar. El Aperol funciona cuando se busca ligereza y dulzor moderado. El Campari, cuando apetece un cóctel más seco y amargo. El Select, si se quiere un guiño veneciano más clásico. Y el Hugo, cuando el cuerpo pide algo floral, fresco y muy fácil de beber.

Cómo preparar el spritz perfecto

El spritz perfecto no necesita técnica complicada, pero sí equilibrio. La fórmula más extendida es fácil de recordar: 3 partes de prosecco, 2 partes de bitter y 1 parte de soda. El orden importa menos que la temperatura, el hielo y la suavidad al mezclar. Un spritz tibio o sin suficiente hielo pierde toda su gracia.

Para prepararlo, llena una copa grande de vino con abundante hielo. Añade 3 partes de prosecco, después 2 partes de tu aperitivo bitter favorito, Aperol, Campari o Select, y termina con 1 parte o un golpe de soda. Remueve con suavidad, sin castigar la burbuja, y decora con una rodaja de naranja. Si preparas un Select Spritz, puedes sustituir la naranja por una aceituna verde.

El hielo debe ser generoso. No está ahí solo para enfriar: también ayuda a mantener la estructura de la copa. El prosecco debe estar bien frío. La soda, también. Y el bitter debe aportar carácter sin tapar por completo la frescura del conjunto. Cuando todo está en su sitio, el resultado es una copa ligera, amarga en su punto, refrescante y muy gastronómica.

Porque el spritz no es únicamente un cóctel para beber solo. Es, ante todo, un aperitivo. Pide aceitunas, frutos secos, quesos suaves, conservas, gildas, focaccia, patatas fritas, cicchetti venecianos o cualquier bocado salado que dialogue bien con la burbuja y el amargor. Su éxito está tanto en la copa como en el momento que crea alrededor.

En un tiempo en el que triunfan los tragos más ligeros, refrescantes y de menor graduación que otros cócteles clásicos, el spritz ha encontrado su lugar natural. No exige solemnidad, no requiere una coctelera y tampoco necesita demasiada explicación. Basta una copa grande, hielo, burbuja y equilibrio.

El spritz conquistó el mundo porque entendió algo esencial: a veces, el mejor cóctel no es el más fuerte ni el más complejo, sino el que acompaña mejor una tarde. Y en eso, pocos tragos han sabido hacerlo con tanta naturalidad como este aperitivo italiano de alma veneciana.

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