Glutamato monosódico: qué es, para qué sirve y por qué genera tanta polémica
El glutamato monosódico (GMS o MSG, por sus siglas en inglés) es uno de los aditivos alimentarios más conocidos y, al mismo tiempo, más controvertidos del mundo. Utilizado desde hace más de un siglo para potenciar el sabor de los alimentos, su fama ha oscilado entre ser considerado un ingrediente imprescindible en muchas cocinas y ser señalado como un posible riesgo para la salud. Sin embargo, la evidencia científica actual ofrece una visión mucho más matizada.
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¿Qué es el glutamato monosódico?
El glutamato monosódico es la sal sódica del ácido glutámico, un aminoácido presente de forma natural en numerosos alimentos. Cuando se disuelve en la boca, libera glutamato, una sustancia que activa los receptores responsables del sabor umami.
El umami, reconocido oficialmente como el quinto sabor básico junto al dulce, salado, ácido y amargo, se caracteriza por aportar profundidad, intensidad y persistencia a los alimentos.
Un descubrimiento japonés con mala fama
La historia del glutamato monosódico comienza en 1908, cuando el químico japonés Kikunae Ikeda logró aislar el compuesto responsable del sabor característico del caldo elaborado con algas kombu. Tras identificar el glutamato como origen de esa sensación gustativa, desarrolló un método para producirlo de forma industrial.
Poco después nació la marca Ajinomoto, cuyo nombre significa literalmente "esencia del sabor", y que contribuyó a popularizar el producto primero en Japón y posteriormente en todo el mundo.
La mala fama del glutamato llegó en 1968, cuando una carta publicada en la revista científica The New England Journal of Medicine describía síntomas como dolor de cabeza, enrojecimiento facial o sensación de hormigueo tras consumir comida china.
Su historia refleja cómo la percepción pública de un ingrediente puede verse influida por mitos, prejuicios culturales y debates que a veces avanzan más rápido que la propia evidencia científica.
¿Dónde se encuentra?
Además de añadirse como potenciador del sabor (aditivo E-621 en Europa), el glutamato está presente de forma natural en numerosos alimentos:
Tomates maduros.
Quesos curados, especialmente parmesano.
Jamón curado.
Setas.
Algas.
Salsa de soja.
Carnes y pescados.
Por esta razón, nuestro organismo está acostumbrado a metabolizar glutamato desde el nacimiento.
Un ingrediente habitual en la industria alimentaria
Su principal ventaja es que permite intensificar la percepción de sabor utilizando menos sal, una característica que ha despertado interés en estrategias para reducir el consumo de sodio sin sacrificar la palatabilidad de los alimentos.
El glutamato monosódico se emplea ampliamente en:
Sopas y caldos preparados.
Salsas.
Platos precocinados.
Condimentos y mezclas de especias.
El impacto glutamato en la salud, ¿se puede consumir diaramente?
La Autoridad Europea de Seguridad Alimentaria estableció en 2017 una ingesta diaria admisible (IDA) de 30 mg por kilogramo de peso corporal al día, expresada como ácido glutámico y sus sales.
Por otro lado, organismos como la Food and Drug Administration y el comité conjunto de expertos de la Organización Mundial de la Salud y la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura consideran que el glutamato monosódico presenta una toxicidad muy baja y lo clasifican como seguro en los niveles habituales de consumo.
¿Cuánto consume una persona normalmente?
Las estimaciones varían según el país y la dieta:
En Europa, el consumo medio suele situarse entre 0,3 y 1 gramo al día.
En algunos países asiáticos puede alcanzar entre 1 y 3 gramos diarios.
¿A partir de qué cantidad pueden aparecer molestias?
En estudios experimentales, algunas personas sensibles han reportado síntomas como dolor de cabeza, sensación de calor, presión facial o náuseas tras ingerir 3 gramos o más de glutamato monosódico de una sola vez y sin alimentos. Cuando se consume integrado en una comida, estos efectos son mucho menos frecuentes.
Un dato curioso: El glutamato contiene aproximadamente un tercio del sodio de la sal de mesa.
En la práctica, para una persona sana, el uso culinario ocasional de glutamato monosódico en cantidades similares a las empleadas como condimento (una pizca o media cucharadita repartida en varias raciones) se considera dentro de los márgenes de seguridad establecidos por las autoridades alimentarias.
Curiosidades del glutamato monosódico
La leche materna contiene glutamato de forma natural, lo que hace que el umami sea uno de los primeros sabores que percibe el ser humano.
El parmesano es uno de los alimentos con mayor concentración natural de glutamato.
Aunque suele asociarse a la cocina asiática, el glutamato está presente en numerosas preparaciones tradicionales europeas gracias a ingredientes como quesos curados, embutidos o tomates.