No existe una frecuencia universal para fumar un puro. Su disfrute depende del contexto personal, la tolerancia a la nicotina y los hábitos de cada fumador. La clave está en escuchar al cuerpo, priorizar la calidad y convertir el puro en una experiencia consciente, no rutinaria.
Degustar un habano es un rito que seduce a expertos y principiantes: requiere aguzar los sentidos para descubrir el encanto de cada vitola, desde Cohiba hasta Montecristo o Romeo y Julieta.
La práctica de echar humo partiendo de las primigenias hojas verdes elaboradas, hasta concentrarse en el fino tubito blanco o el moreno caballero anillado, trasciende épocas, tendencias e ismos culturales.