La calabaza de Halloween no nació siendo calabaza: antes daba miedo un nabo
La calabaza de Halloween se ha convertido en uno de los símbolos más reconocibles del otoño. Basta verla vaciada, con ojos triangulares y una vela dentro, para pensar inmediatamente en disfraces, dulces y noches de miedo. Sin embargo, la historia de la Jack-o’-lantern empezó con un vegetal bastante menos fotogénico.
En Irlanda y Escocia, durante el siglo XIX, era habitual tallar rostros en nabos, patatas y otros tubérculos y colocar una luz en su interior. La tradición se relacionó con las celebraciones de finales de octubre y con antiguas creencias sobre espíritus y el tránsito hacia la parte más oscura del año. :
Antes de la sonrisa naranja había caras talladas en nabos
Los primeros ejemplares eran mucho menos simpáticos que las calabazas actuales. Los rostros se tallaban de forma deliberadamente inquietante y podían colocarse en puertas o ventanas como protección simbólica frente a presencias indeseadas. Smithsonian recoge que esta práctica estaba vinculada en Irlanda al entorno cultural de Samhain, la festividad que marcaba el final del verano y la llegada del invierno.
La leyenda más conocida detrás de estas linternas es la de Stingy Jack. Según una de sus versiones, Jack engañó al diablo y terminó condenado a vagar eternamente por la Tierra. Su única luz era una brasa que colocó dentro de un nabo vaciado. De ahí habría surgido el nombre Jack of the Lantern, que acabó convirtiéndose en Jack-o’-lantern.
¿Por qué el nabo terminó convertido en calabaza?
La respuesta está al otro lado del Atlántico. Durante el siglo XIX, la emigración irlandesa llevó estas costumbres hasta Estados Unidos. Allí encontraron un vegetal mucho más cómodo para tallar: la calabaza americana. Era más grande, tenía una cavidad interior amplia y resultaba mucho más fácil de vaciar que un nabo duro y pequeño.
La sustitución tenía además una ventaja visual evidente. La superficie naranja permitía crear rostros más grandes y espectaculares y, una vez iluminada desde dentro, la calabaza producía un efecto mucho más llamativo.
Con el crecimiento de Halloween en Estados Unidos durante los siglos XIX y XX, la calabaza acabó absorbiendo por completo la tradición. Lo que había comenzado como una linterna vegetal asociada a supersticiones europeas terminó convertido en uno de los grandes códigos visuales de la cultura popular estadounidense y, después, mundial.
De espantar espíritus a representar todo el otoño
La transformación no terminó ahí. La calabaza ya no identifica únicamente Halloween: se ha convertido en una especie de símbolo universal del otoño.
Ha pasado de la decoración a la cocina en forma de tartas, panes, sopas y bebidas especiadas. El Pumpkin Spice Latte es probablemente el mejor ejemplo de cómo la calabaza terminó convirtiéndose también en un sabor estacional, mientras que la tarta de calabaza sigue siendo uno de los clásicos gastronómicos de estas fechas.
Incluso el tamaño se ha convertido en espectáculo. Excelencias Gourmet contó el caso de una calabaza de más de una tonelada, prueba de hasta dónde puede llegar la fascinación contemporánea por este fruto.
Así que la próxima vez que veamos una Jack-o’-lantern iluminada conviene recordar que debajo de esa sonrisa naranja se esconde una tradición mucho más antigua y bastante más oscura. La calabaza simplemente tuvo la suerte de aparecer en el lugar perfecto para sustituir al nabo y convertirse, siglos después, en la reina absoluta de la spooky season.