Tres emblemas de la coctelería cubana III

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Por: Chef Internacional Jorge Méndez Rodríguez-Arencibia
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Tres emblemas de la coctelería cubana III
Las versiones más difundidas sobre la aparición del mojito como cóctel sugieren que fue en los bares de La Habana. Una de estas versiones apunta hacia el renombrado barman Emilio González, “Maragato”, probablemente basado en alguna fórmula de la ya clásica familia de los Julep, trago de origen norteamericano, generalmente confeccionado con Bourbon de Kentucky, azúcar, hojas de menta fresca y hielo en trozos, además de existir otras variantes con whisky escocés, rones y brandis.
También se puede encontrar en recetarios con adición de gotas amargas o bitter, lo que explica la controvertida práctica de añadir al Mojito unos “golpes” (gotas) de Angostura. 
Otra versión que lo identifica como habanero, defendida por varios maestros del gusto nacional, como Sergio García “Mesié” y Erasmo Brito, es que surge en el balneario de La Concha, ubicado en la zona de las antiguamente conocidas como Playas de Marianao, allá por los comienzos del siglo XX.
Su naturalización habanera tiene como significativa referencia lo escrito de puño y letra por el propio Ernest Hemingway, en el libro de clientes distinguidos del restaurante del mundialmente famoso restaurante de cocina tradicional cubana La Bodeguita del Medio, a principios de la década de los años 50 del siglo XX: “My Mojito in La Bodeguita. My Daiquirí in Floridita”.
Pero no podía faltar una versión de diferente procedencia, como revela una entrevista realizada al cantinero santiaguero Jesús Piña Despaigne: “El mojito se inventó en la playa Siboney, por un señor de apellido Méndez, natural de Santiago de Cuba (…). En esta playa había tres bares y unos canteros enormes de hierba buena. De allí, experimentando combinaciones con la hierba, salió el Mojito. (…) Después se comenzó a preparar aquí en Santiago donde también se hizo muy popular y entonces, como te dije, se fue a la Habana”.
Nada, que para hablar de Santiago de Cuba es inevitable exagerar. ¡Salud!
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Por: Chef Internacional Jorge Méndez Rodríguez-Arencibia