Fallece Paco Ron, pionero de la Nueva Cocina Asturiana y alma de Viavélez

Fallece Paco Ron, pionero de la Nueva Cocina Asturiana y alma de Viavélez

Fallece Paco Ron, fundador de la Nueva Cocina Asturiana y artífice de la estrella Michelin de Viavélez, donde unió producto, tradición y vanguardia.
Retrato del cocinero Paco Ron con gafas y camiseta verde, sentado y apoyando una mano sobre la frente.
Retrato del cocinero Paco Ron, pionero de la Nueva Cocina Asturiana
Martes, Julio 21, 2026 - 08:59

El cocinero Paco Ron, una de las figuras fundamentales en la renovación de la gastronomía asturiana y artífice de la estrella Michelin de la Taberna de Viavélez, ha fallecido. Su muerte deja a la cocina española sin un profesional libre, intuitivo y adelantado a su tiempo, capaz de llevar la vanguardia hasta un pequeño puerto del occidente de Asturias sin romper nunca el vínculo con el producto, el mar y los sabores tradicionales.

Ron formó parte de una generación que demostró que la cocina asturiana podía evolucionar sin renunciar a sus raíces. Junto a Nacho Manzano, Pedro Martino y José Antonio Campoviejo, impulsó la Nueva Cocina Asturiana, un movimiento que cuestionó el inmovilismo de parte de la restauración regional y abrió una nueva etapa marcada por la técnica, la creatividad y una lectura contemporánea del recetario del Principado.

Su legado, sin embargo, no puede reducirse a una asociación, una estrella o una sucesión de restaurantes. Paco Ron defendió una cocina sin etiquetas, en la que tradición y modernidad no eran caminos contrarios. Se definía como un cocinero intuitivo, capaz de crear desde la ilusión y de “escuchar a los platos” antes de decidir hacia dónde debía llevarlos.

De un chigre familiar a la primera estrella del occidente asturiano

La historia de Paco Ron quedó unida para siempre a Viavélez, el pequeño puerto pesquero del concejo de El Franco. En 1989, la familia abrió allí una modesta taberna que partía del modelo del chigre tradicional, con comidas caseras y pescado fresco del Cantábrico.

El establecimiento había sido regentado inicialmente por los padres del cocinero, pero cuando Paco Ron tomó las riendas comenzó a transformar aquella cocina familiar. Aplicó técnicas contemporáneas, incorporó una sensibilidad artística propia y llevó el producto local hacia una nueva dimensión sin alterar su esencia marinera.

La Taberna de Viavélez se convirtió así en un destino gastronómico capaz de atraer a clientes desde distintos puntos de España. Su cocina combinaba pescados, mariscos, guisos y productos humildes con elaboraciones atrevidas, pero siempre construidas alrededor del sabor.

La creatividad de Ron transformó el modesto negocio en un restaurante de referencia. La guía Michelin le concedió una estrella, la primera obtenida por un establecimiento del occidente asturiano, un reconocimiento que confirmó que la alta cocina podía desarrollarse también lejos de los grandes salones urbanos.

La distinción convirtió aquel pequeño restaurante situado frente al Cantábrico en lugar de peregrinación para aficionados y profesionales. Ron demostró que la periferia rural y marinera podía competir con los principales destinos gastronómicos sin imitar modelos ajenos ni abandonar el territorio.

Su trabajo quedó vinculado también a la Nueva Cocina Asturiana, de la que fue uno de los impulsores junto a Nacho Manzano, Pedro Martino y José Antonio Campoviejo. Aquella generación defendió una cocina capaz de revisar las recetas tradicionales, mejorar las técnicas y presentar el producto asturiano con un lenguaje contemporáneo.

Viavélez llevó el sabor de Asturias hasta Madrid

Después de cerrar la etapa original de Viavélez, Paco Ron tomó una decisión arriesgada: trasladar el concepto del restaurante a Madrid. El nuevo espacio abrió en la avenida del General Perón con una propuesta dividida entre la barra y el comedor gastronómico.

La barra se consolidó durante años como una de las más reconocidas de la capital. Allí se servían croquetas, patatas bravas de autor, ensaladilla, buñuelos de bacalao, callos y salpicón de bogavante, platos aparentemente sencillos que resumían la capacidad de Ron para convertir la cocina popular en una experiencia precisa y memorable.

En el comedor desarrollaba una propuesta más pausada, centrada en los guisos tradicionales, los platos de cuchara, los pescados salvajes y el producto del Cantábrico. Era una cocina asturiana limpia, directa y sin adornos innecesarios.

Ron no entendía la modernidad como una acumulación de técnicas ni como una búsqueda constante de efectos. Para él, innovar significaba conseguir mayor profundidad, nitidez y emoción en cada plato.

El salto a Madrid permitió que el espíritu de Viavélez llegara a un público más amplio y que el proyecto mantuviera una actividad regular durante todo el año. La taberna consiguió conservar la identidad del establecimiento asturiano, pero adaptada al ritmo y a las necesidades de la capital.

Tras más de una década de éxito, Paco Ron decidió ceder progresivamente los mandos del día a día. Los problemas de salud lo llevaron a apartarse de los fogones y de la gestión cotidiana, aunque permaneció vinculado al proyecto como supervisor, inspiración y referente gastronómico.

Un cocinero libre que hizo avanzar la tradición

La trayectoria de Paco Ron recibió distintos reconocimientos. En 2009 obtuvo la Caldereta de don Calixto, uno de los galardones históricos de la gastronomía asturiana, y en 2023 la Academia Madrileña de Gastronomía le concedió el premio A Toda una Vida.

Más allá de los premios, sus compañeros lo recuerdan como un cocinero de enorme intuición, imaginación y generosidad. Fue un pionero que defendió el territorio sin convertirlo en una jaula y que entendió que la tradición no consiste en repetir los platos, sino en conservar su verdad mientras se les permite avanzar.

Su forma de cocinar era libre y, en ocasiones, deliberadamente anárquica. Creaba desde la experiencia, el instinto y la capacidad para interpretar el producto. Esa libertad no implicaba falta de rigor, sino una manera personal de entender la cocina como un lenguaje vivo.

Paco Ron deja como herencia una forma de trabajar en la que el producto asturiano podía vestirse de modernidad sin perder su identidad. Deja también una estrella conseguida en un pequeño puerto, un movimiento que ayudó a cambiar la gastronomía del Principado y una taberna madrileña que convirtió croquetas, guisos y pescados del Cantábrico en alta cocina cotidiana.

Su muerte ha provocado numerosas muestras de pesar entre cocineros, compañeros e instituciones del sector, que lo recuerdan no solo como un maestro de los fogones, sino como un profesional que demostró que el territorio y la tradición nunca están reñidos con la vanguardia.

Su influencia permanece en los cocineros que aprendieron que la distancia, la falta de recursos o el peso de la tradición no tienen por qué limitar la creatividad. Paco Ron enseñó que la vanguardia también podía empezar en un chigre frente al mar.

Muere Paco Ron, chef de Viavélez y pionero asturiano
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