La fiebre de la hamburguesa: olla que mucho hierve, sabor que pierde

La fiebre de la hamburguesa: olla que mucho hierve, sabor que pierde

La hamburguesa gourmet sigue llenando locales, pero quizá ya no marca el ritmo de una gastronomía que empieza a mirar hacia otros estímulos.
hamburguesa kevin bacon de goyko
Kevin Bacon de Goyko una de las pioneras
Viernes, Mayo 15, 2026 - 16:00

Hace unos días volví a una hamburguesería de esas que hace no tanto tenían colas imposibles. De las que abrían con humo, música alta, luces tenues y una burger “exclusiva” que había que probar sí o sí antes de que se pusiera de moda otra todavía más bestia la semana siguiente. Y mientras esperaba miré alrededor y tuve una sensación rara. No porque estuviera vacío. Seguía lleno. Pero ya no se respiraba aquella obsesión de hace un tiempo. Ya no parecía que allí estuviera ocurriendo “algo”. Y creo que no soy la única que empieza a notarlo.

¿Qué convirtió a las hamburguesas gourmet en la gran obsesión gastronómica?

Hubo un momento en el que las hamburguesas gourmet dejaron de ser una moda gastronómica para convertirse casi en una forma de consumo cultural. Todo giraba alrededor de ellas. La carne madurada, el brioche brillante, el queso cayendo lentamente, las dobles smash burgers, los rankings, las aperturas constantes, las colaboraciones y esa necesidad permanente de encontrar “la mejor hamburguesa” de la ciudad, aunque se pareciera muchísimo a la anterior.

Durante años, parecía que cualquier local nuevo necesitaba una hamburguesa en carta para existir dentro de la conversación gastronómica.

Y ojo, muchas estaban muy buenas. Muchísimas. Algunas siguen siéndolo, y sería injusto negar que la hamburguesa gourmet elevó el nivel de producto, pues acercó a mucha gente a la cultura gastronómica y entendió antes que nadie cómo funcionaba la comunicación en esta era de las redes sociales. La burger era perfecta para Instagram y TikTok. Perfecta para esa generación que empezó a comer también con el móvil.

hamburguesa gourmet gigante

El problema es que cuando algo se vuelve tan masivo, tan repetido y tan visual, acaba entrando en una especie de bucle del que es difícil salir.

Hasta hace no mucho una hamburguesa enorme sorprendía y una smash burger parecía algo nuevo. Hoy, hay locales donde todas saben prácticamente igual. Y mientras eso pasa, empiezan a aparecer otras cosas. Más silenciosas, más pequeñas y menos diseñadas para viralizarse.

¿Está cambiando la tendencia gastronómica?

Lo noto cada vez más cuando hablo con cocineros, analizando las nuevas aperturas o simplemente cuando observo qué pide la gente. Vuelve la tradición, las barras, las tortillas, las casas de comidas, incluso platos que hace nada parecían demasiado normales para competir dentro de la gastronomía aspiracional. Y me parece interesante porque, quizá, lo que empieza a agotarse no es la hamburguesa, sino cierta necesidad de convertir absolutamente todo en espectáculo.

“Vivimos en un mundo donde parece que comer tiene que impresionar constantemente.”

Cuanto más queso, más carne, más altura y más exceso, mejor. Y ahora, no sé si por cansancio, por economía o simplemente porque las tendencias siempre terminan volviendo, da la sensación de que mucha gente vuelve a buscar otras experiencias. Lugares donde poder comer bien sin sentir que todo está pensado para ser grabado en cámara lenta.

Aquí está empezando a pasar algo interesante en gastronomía. Porque tal vez la hamburguesa gourmet no estén desapareciendo. Simplemente están dejando de marcar el ritmo y no hay peor final que morir de éxito.

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