
Las conservas son siempre una solución práctica y versátil lo mismo para cenas improvisadas que para snacks o simplemente para complementar elaboraciones. Tanto legumbres como verduras o pescados casi todo cabe en una lata o envase de cristal. Justo ahí comienza el dilema: ¿en qué formato suelen ser más saludables?
La respuesta corta es que la diferencia no reside tanto en el envase como en la receta o composición del alimento conservado. Es decir, tanto en lata como en cristal podemos encontrar productos prácticamente idénticos en cuanto a nutrientes. Un ejemplo claro son los garbanzos que, tanto en lata como en frasco de vidrio, e incluso en tetrabrik, muchas veces tienen los mismos valores nutricionales.
Conservas en lata: resistencia y durabilidad
Lo que puede marcar la diferencia es lo que contienen y cómo se preparan. En el caso de las latas, tradicionalmente se han asociado a platos ya cocinados y listos para comer, como una fabada o garbanzos con espinacas. Suelen conservar mejor la combinación de sabores. Al cocinar y conservar los ingredientes dentro de la propia lata, se logra una armonía que muchas veces imita la cocción casera. De ahí que este tipo de conserva sea ideal para platos listos para comer.
Entre sus principales virtudes está la protección del alimento del aire y la luz, lo que garantiza su conservación a largo plazo y su carácter reciclable. Sin embargo, una vez abiertas, no conviene mantenerlo almacenado en la lata, ya que puede perder sabor y propiedades.
Conservas en cristal: transparencia y reutilización
Mientras, el vidrio destaca por permitir un control más preciso del ingrediente. Es por ello que al no mezclarse con otros productos ni cocinarse con salsas complejas, cada verdura o legumbre se puede adaptar fácilmente a diferentes recetas. Por otro lado, este material ofrece una presentación más elegante que puede servir incluso como parte de un regalo gourmet.
Otro plus supone la posibilidad de ver el contenido desde fuera gracias a su transparencia: permiten, lo que ayuda a comprobar calidad y aspecto. Asimismo, pueden reutilizarse, tras lavarse para almacenar otros productos. Como desventaja, suelen ser más pesados y frágiles.
La decisión de cuál elegir derivará entonces en las necesidades específicas según el uso que se pretenda. En cualquier caso, lo importante es leer bien la etiqueta: fijarse en la cantidad de sal (más de 1 g por cada 100 g ya se considera elevado) y en el tipo de aceite utilizado, priorizando siempre el aceite de oliva.