La ruta que explica por qué Asturias vive y respira sidra
Asturias no solo se visita: se escancia. La sidra asturiana es mucho más que la bebida más querida del Principado; es una forma de entender la mesa, la conversación, la fiesta y el paisaje. Entre llagares, sidrerías, pumaradas, museos, pueblos marineros y fiestas populares, el Sidraturismo se ha convertido en una de las grandes experiencias de turismo gastronómico del norte de España.
La sidra asturiana es una bebida singular. No solo por su sabor, sino también por su ritual. Es la única sidra del mundo que se escancia, un gesto que forma parte de la identidad cultural asturiana y que convierte cada culín en una pequeña ceremonia compartida.
Asturias produce alrededor del 80% de la sidra que se elabora en España. Más de 40 millones de botellas salen cada año de unos 80 llagares repartidos por la región, especialmente en zonas como Gijón, Villaviciosa, Nava y Siero. Sin embargo, buena parte de esa producción apenas abandona el Principado: asturianos y visitantes consumen cerca del 90% de la sidra elaborada en la región.
De esa relación íntima entre territorio, manzana y mesa nace el Sidraturismo, una forma de viajar que permite seguir el recorrido de la sidra desde la pumarada hasta la sidrería, desde el llagar hasta el último culín escanciado frente al mar.
Villaviciosa, capital de la Comarca de la Sidra
Una ruta sidrera por Asturias debe comenzar en Villaviciosa, capital de la Comarca de la Sidra, un territorio formado por los concejos de Bimenes, Cabranes, Colunga, Nava, Sariego y Villaviciosa.
Seguir la pista de esta bebida ancestral resulta sencillo en la villa. Basta mirar al suelo para encontrar las señales con forma de manzana roja que marcan el recorrido histórico por algunos de sus puntos más emblemáticos.
El paseo discurre por la Casa de los Hevia, donde se alojó Carlos V tras desembarcar en Tazones y que hoy acoge la Oficina de Turismo; el Palacio de los Caveda; la Plaza de Abastos; la iglesia románica de Santa María de la Oliva; y varias esculturas dedicadas a la manzana, como La Manzanera, de Mariano Benlliure, o Exaltación de la Manzana, de Eduardo Úrculo.
El Gaitero, Cortina y Castañón: tres paradas imprescindibles
Sus instalaciones, situadas cerca de la ría, recuerdan la época en la que desde la fábrica salían pequeños barcos cargados de botellas rumbo a Gijón, donde la mercancía se embarcaba en grandes buques destinados a cruzar el Atlántico. Aquella sidra viajaba hacia América para acompañar a los indianos, los emigrantes asturianos asentados en México y otros países del continente.
En el Museo de Sidra El Gaitero se explica el origen de la llamada “sidra champagne”, creada para poder exportarse al otro lado del océano mediante la incorporación de azúcar y carbónico a la sidra natural. La visita continúa por el llagar y la bodega histórica, donde impresionan los grandes toneles de madera de castaño, y termina con una cata de sidras naturales, espumosas y de hielo.
Otra parada destacada es Sidra Cortina, llagar y sidrería donde se puede probar una de las sidras más reconocidas de Asturias y descubrir la historia de la característica botella verde. Antiguamente, las botellas no llevaban etiquetas y cada bodega se diferenciaba por el corcho, donde aparecía impreso el nombre del elaborador.
El llagar cuenta además con restaurante propio, Casa Cortina, una buena opción para completar la visita con cocina tradicional asturiana y numerosas propuestas sin gluten.
En Sidra Castañón, el visitante puede probar la sidra directamente de los toneles y descubrir elaboraciones más innovadoras como la Sidra Frizzante o el vermut de sidra, ejemplos de cómo la tradición sidrera asturiana también dialoga con nuevos formatos de consumo.
Fiestas sidreras en Villaviciosa
El calendario festivo de Villaviciosa tiene varias fechas marcadas en rojo para los amantes de la sidra.
La Fiesta de la Sidra se celebra el primer fin de semana de septiembre en la plaza del Ayuntamiento. Durante la jornada, los lagareros del concejo ofrecen sidra de forma gratuita a quienes hayan adquirido el vaso conmemorativo que se vende en el propio recinto.
Otro momento especialmente importante es el Festival de la Manzana, que se celebra en octubre durante los años impares. La programación incluye exposiciones, mercado de otoño, el tren de la manzana, conciertos y diferentes actividades culturales vinculadas al fruto que da origen a la bebida más emblemática de Asturias.
Nava, la Villa de la Sidra
La siguiente gran parada de esta ruta es Nava, conocida como la Villa de la Sidra.
El Museo de la Sidra invita a viajar por la historia y la cultura sidrera asturiana a través de un recorrido interactivo pensado para todos los públicos. Sus salas permiten comprender el origen de la bebida, el trabajo en los llagares, la importancia de la manzana y el valor social del escanciado.
Incluso es posible aprender a escanciar un culete, aunque en el museo se practica con agua. El gesto parece sencillo cuando se observa a un escanciador experto, pero requiere pulso, técnica y muchas horas de práctica.
Tras la visita al museo, el recorrido continúa por los llagares de la zona y por los pumares, como se conoce en Asturias a las plantaciones de manzanos. En primavera, estos huertos se cubren de flores blancas y ofrecen uno de los paisajes más delicados de la Comarca de la Sidra.
Durante la Semana de la Floración del Manzano, en torno al puente de mayo, los seis municipios de la comarca organizan rutas gratuitas desde las oficinas de turismo para pasear entre manzanos y descubrir este espectáculo natural.
Nava vive intensamente su calendario sidrero. En mayo se celebran las Jornadas de Platos a la Sidra, una oportunidad para descubrir cómo esta bebida también se integra en la cocina asturiana más tradicional y contemporánea.
El segundo fin de semana de julio llega uno de los grandes momentos del año: el Festival de la Sidra de Nava, declarado Fiesta de Interés Turístico Nacional. Durante esos días, la villa acoge exposiciones, concursos de escanciadores, certámenes para elegir la mejor sidra y una Ruta de la Sidra con reparto gratuito en las calles.
Pueblos con encanto, villas marineras y sidra junto al mar
La Comarca de la Sidra no se limita a llagares y museos. También reúne algunos de los pueblos y villas con más encanto de Asturias.
Sariego, Llastres, Torazu o Poreñu figuran en la lista de Pueblos Ejemplares de Asturias, mientras que el Camino de Santiago atraviesa varios de sus concejos, entre ellos Colunga, Villaviciosa y Sariego.
El mar acompaña la ruta en lugares tan especiales como Llastres, en Colunga, o Tazones, en Villaviciosa. Ambos combinan paisaje marinero, ambiente popular, buenas terrazas y una cocina basada en pescados y mariscos frescos que casi siempre encuentran en la sidra su mejor compañera.
En el puerto de Tazones se concentran restaurantes y terrazas como El Puerto, La Tortuga o El Rompeolas, donde es posible disfrutar de productos frescos del Cantábrico con sidra escanciada a mano.
Playas, dinosaurios y paisajes naturales
La ruta sidrera también permite descubrir algunos de los paisajes costeros más atractivos del oriente asturiano.
La playa de Rodiles, rodeada de bosque, acantilados de vegetación frondosa y paseos junto a la ría de Villaviciosa, es uno de los grandes arenales del Principado. Además, es conocida entre surfistas de todo el mundo por la calidad y características de una ola singular generada por el ecosistema de su lecho marino.
Otra parada imprescindible es la playa de La Griega, en Colunga, donde se encontraron los primeros fósiles con huellas de dinosaurio de toda la costa cantábrica y de esta parte de Europa occidental.
Muy cerca se encuentra el Museo Jurásico de Asturias, en la rasa de San Telmo y próximo a Llastres, una visita perfecta para combinar naturaleza, historia, gastronomía y turismo familiar.
La lista de arenales se completa con playas como España y Merón, en Villaviciosa, o La Isla, en Colunga, que añaden al viaje una dimensión paisajística difícil de separar de la experiencia gastronómica.
De la manzana al culín: Asturias en estado puro
El Sidraturismo permite descubrir Asturias desde una perspectiva profundamente auténtica.
En esta ruta conviven la tradición de los llagares, el paisaje de las pumaradas, la cocina marinera, los pueblos con historia, las fiestas populares y el ritual único del escanciado.
Porque la sidra asturiana no es solo una bebida. Es una forma de compartir la mesa, una manera de entender la hospitalidad y una de las mejores puertas de entrada al alma del Principado.
De la manzana al culín, Asturias se bebe, se recorre y se celebra.