La crisis del marisco gallego impacta en la hostelería
La hostelería arousana afronta la Semana Santa con una incertidumbre inédita. La grave crisis que afecta al marisqueo gallego, consecuencia directa de los temporales de este invierno, amenaza con dejar sin productos emblemáticos a muchas marisquerías y restaurantes de O Salnés.
La crisis del marisco gallego: principales causas e impacto
El exceso de agua dulce ha provocado un descenso dramático de la salinidad en la costa gallega, causando una mortandad insólita en bivalvos como almejas, berberechos, navajas e incluso mejillones de batea.
El impacto no solo afecta a mariscadores de a pie y a flote, navalleiros o bateeiros, sino que se extiende a depuradoras, distribuidores y, especialmente, al sector de la restauración.
Para muchos establecimientos, la Semana Santa representa una de las campañas más importantes del año. Y a día de hoy, muchos no saben si podrán servir platos tan demandados como las almejas a la marinera, los mejillones al vapor o las navajas a la plancha.
Rehacer cartas y apostar por guisos
Todo apunta a que tendremos que rehacer las cartas, reinventarnos, sostiene José Benavides, propietario de la Taberna de Herlogón (O Grove).
El precedente ya existe: el año pasado el camarón alcanzó los 150 euros el kilo y obligó a adaptar menús.
Este año podría repetirse el escenario con almejas o berberechos.
La solución pasa por poner en valor otras elaboraciones tradicionales: guisos marineros, calderetas de pescado o platos de cuchara que permitan mantener identidad sin depender exclusivamente del marisco escaso.
En Ribadumia, Irene Lojo, responsable de O Tío Benito, retiró las almejas a la marinera tras la subida de precios. Hace unos días probó un lote de almeja rubia, pero no la convenció: «Me salió dura y flaca». Finalmente optó por cocinarla con fabas de Lourenzá, transformando la dificultad en oportunidad gastronómica.
El temor al desabastecimiento de mejillón gallego
Más allá de almejas y berberechos, el mayor temor del sector es el mejillón gallego, un producto fundamental en la gastronomía arousana y difícilmente reemplazable por otras procedencias.
El año pasado ya hubo problemas por el aumento de temperatura del agua. En aquel momento, algunos restaurantes recurrieron a Frigoamegrove, que cuece y congela mejillón gallego sin concha para garantizar calidad.
Sin embargo, esta solución impide prepararlo al vapor, como demandan muchos turistas. Y si se confirma la mortandad advertida por bateeiros, el precio podría dispararse.
Actualmente, la ración en O Salnés oscila entre 7 y 9 euros, mientras que en Madrid alcanza los 18 euros.
La regla de oro: transparencia total
En situaciones anómalas como esta, los restauradores insisten en la honestidad como principio irrenunciable.
«Hay que contar siempre la verdad», afirma Benavides. El año pasado sustituyó zamburiña por vieira del Pacífico, pero lo indicó claramente en carta. «El cliente debe saber qué está tomando y decidir».
La gastronomía es uno de los grandes motores turísticos de O Salnés, especialmente cuando la meteorología no acompaña para atraer visitantes a las playas.
La posible escasez de almeja, vieira o mejillón pone a prueba la capacidad de adaptación del sector.
Reinventarse sin perder identidad
La crisis del marisqueo no es solo un problema de producto. Es un desafío estructural para la hostelería gallega. Pero también puede convertirse en un ejercicio de creatividad culinaria.
Si faltan bivalvos, ganarán protagonismo los guisos. Si escasea la almeja, quizá resurja la cocina de fondo, la tradición de cuchara, el pescado de lonja menos mediático.
La gastronomía gallega siempre ha sabido adaptarse al mar y a sus ciclos. Ahora, una vez más, toca reinventar la carta sin perder el relato.
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