Barriga, cocina de toda la vida, con cuentos y argumentos
Comida casera sin cuentos. Pero con un marketing que le hace justicia a una cocina cuidada al detalle. Barriga es un sitio de los que le hacían falta a Castellón de la Plana. Un año después de su apertura, conseguir mesa sigue siendo complicado. Y eso, en una ciudad como esta, dice mucho.
Costumbrismo del siglo XXI: un restaurante con estética y propuesta
Al borde de los 190 mil habitantes, Castellón de la Plana es una ciudad ideal para quien quiere vivir tranquilo y con las preocupaciones justas para irse a dormir a gusto. Por eso, su gastronomía se rige por la quietud de la tierra y del Mediterráneo azul oscuro. Allí, en el casco histórico, se encuentra un restaurante que ha devuelto la vida a una tradición contemporaneizada: la tasca Barriga. Con un apellido: “menjar de tota la vida”.
Entre tasca que intercala mesas altas y bajas, una estética de comodidad y un aire retro de los que te encuentras más bien en el centro de Valencia, se levanta una cocina de las de siempre, que te hacen saltar una lágrima. Parece que la estrategia de marketing de Barriga funciona, más la cocina detrás de la barra.
Conforme llegas, te reciben los camareros con tendencia más a lo moderno, que te explican el lema claro: comer, compartir y disfrutar. Lo de siempre, pero ahora de verdad. Y un puntazo: Paco habla con cada cliente que entra por la puerta, como quien regenta su casa.
De categoría mundial. Muy castellonense, muy para todos.
En redes sociales han sabido moverse, como parece que están surgiendo ahora las provincias. Con sus influencers de confianza, caras ya conocidas por toda la provincia, se ha reinventado el local regentado por Paco Llansola para llevar el puerto y la huerta del Levante a la mesa. En su puerta: un Solete Repsol. Aunque por este camino, aspira a más.
Para empezar, llama la atención ver en su carta aquellos productos que solo conocemos los que nos sabemos mover por Castellón, entre conceptos arraigados como el queso de Les Coves, los productos del Grau o la hogaza dels Ibarsos. “De categoría” mundial. Muy castellonense, muy para todos.
La carta. Buen planteamiento, mejor resultado
Una máxima precede a la comanda:
“Lo que comes es lo que hay”.
Porque en Barriga impera la cocina de mercado, de los productos que se pueden conseguir en la lonja o en los puestos que aún quedan en el Mercado Central, un par de calles más allá. Así lo cuenta la filosofía de Barriga: 60% platos fijos y 40% lo que traiga la marea.
Por eso, todo lo que pedimos (cuatro comensales y todo para compartir) merece recomendación:
Sepia enterita del Grao a la plancha, con la sola idea de pedir pan para mojar —sucar— el jugo que tan solo lleva sal y aceite de oliva. Pequeño, como buen mediterráneo, entero y sin cortar... y espléndido. Humilde, cercano, de verdad.
Torreznos con guacamole, cebolla encurtida y alioli de ají amarillo. Una combinación que podría generar dudas, pero que encuentra equilibrio. Arriesgado, aunque no imprescindible frente a otras opciones.
Steak tartar de solomillo de vaca. Romero, pan dels Ibarsos, queso de oveja, encurtidos y sabor a carne. Castellón en su estado puro.
Y el imprescindible: los huevos Barriga. Un revuelto de chistorra con espárragos y puré de boniato. De llorar. No quedó ni un rastro de la grasa de la chistorra en la cazoleta de barro. Solo con el olor vuelves a casa.
El postre es la infancia de mis padres y, solo pensar en ello, te hace feliz: pan brioche con chocolate, aceite y sal. Junto a ella, una torrija remojada en cremaet y una torre de azúcar. Si no eres de dulce, no pidas postre y coge un plato más:
muy recomendados por los camareros, los huevos con bogavante y patatas fritas;
muy recomendados por la gente, los canyuts de la Ràpita;
muy llamando la atención, el calamar con sobrasada o el buñuelo de bacalao sin patata.
Lo nuevo de Barriga: Barrita
Frente a la obra infinita del Mercado Central, en la plaza Santa Clara, Llansola acaba de inaugurar su nuevo establecimiento: Barrita. Otro juego de palabras detrás de una barra en un minúsculo local donde la premisa se mantiene: pasárselo bien con una caña y una gilda, que la barriga esté contenta.