El vino supurao, la joya secreta de Rioja
Si creías que en Rioja ya lo habías probado todo, hay un vino que desmonta esa idea: los vinos supuraos, una reliquia líquida que estuvo a punto de desaparecer y que hoy vuelve a despertar el interés de bodegas y aficionados.
No es un vino más. Es memoria, paciencia y cultura rural. Durante generaciones, los viticultores riojanos lo elaboraban en silencio, casi en secreto, reservándolo para momentos únicos. Hoy, ese legado regresa con una fuerza inesperada.
Qué son los vinos supuraos y por qué son únicos
El vino supurao es un vino dulce tradicional de La Rioja que se elabora a partir de uvas sometidas a un proceso de pasificación natural. Tras la vendimia, los racimos se cuelgan uno a uno en espacios interiores, secos y ventilados, donde permanecen durante meses.
Durante ese tiempo, la uva pierde agua, “supura”, y concentra de forma extrema sus azúcares, aromas y estructura. El resultado es un mosto denso que fermenta lentamente en invierno, dando lugar a un vino naturalmente dulce, sin alcohol añadido, con una graduación moderada (11%-12%).
Su perfil sensorial es tan singular como su proceso:
- Color: tonos guinda, teja o ámbar
- Aromas: frutas pasificadas, higos, dátiles, miel, caramelo de fresa
- Boca: dulce, sedoso y equilibrado por una acidez vibrante que evita la pesadez
Pero lo que realmente define al supurao es su escasez. De cada 100 kilos de uva apenas se obtienen entre 20 y 25 litros de vino. Es, literalmente, concentración pura.
Un vino con historia, tradición y un futuro inesperado
El vino supurao no nació como producto comercial. Surgió en el ámbito doméstico, en una economía de subsistencia donde nada se desperdiciaba. Las uvas se colgaban en los desvanes junto a embutidos y pimientos para conservarlas durante el invierno. Las que se pasificaban en exceso se prensaban. Así nació este vino.
Con el tiempo, se convirtió en algo más que una bebida. Era el “vino de las bodas”. Muchas familias lo elaboraban al nacer una hija y lo guardaban durante años para abrirlo el día de su matrimonio.
También se utilizaba como reconstituyente natural, una fuente de energía en jornadas duras de campo o vendimia.
Hoy, bodegas como Bodegas Ojuel han recuperado esta técnica ancestral, devolviendo al mercado un vino que estuvo al borde de la desaparición.
En términos técnicos, el supurao destaca por:
- Altísima concentración de azúcar: hasta 500 g/l durante la pasificación
- Fermentación invernal: lenta, en barrica durante unos 50 días
- Variedades: Tempranillo, Garnacha y Viura principalmente
Su elaboración recuerda a otros vinos de pasas europeos como los vinos de paja o el tostado del Ribeiro, pero con una diferencia clave: en Rioja el secado se realiza en interiores, sin exposición directa al sol, lo que aporta un perfil más fresco y equilibrado.
En un momento en el que el consumidor busca autenticidad, origen y relatos reales, el vino supurao encaja como pocas cosas. No es tendencia. Es raíz.
Y quizá por eso, después de siglos en silencio, vuelve a encontrar su lugar en la copa.