Carnaval, comida y su conexión

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Cristina Ybarra
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Carnaval

La palabra carnaval evoca de inmediato imágenes de disfraces, desfiles, carrozas y reinas ataviadas con trajes extravagantes, además de las murgas y chirigotas que animan la fiesta. Sin embargo, detrás de este bullicio se esconde su significado original, que está intrínsecamente relacionado con la comida o más bien con la falta de ella.

La Real Academia Española define carnaval como una fiesta popular con mascaradas y celebraciones, pero su origen es religioso, refiriéndose a los tres días antes de la Cuaresma. La palabra proviene del italiano "carnevale", que significa "quitar la carne", y sugiere una despedida de los placeres carnívoros antes del periodo de penitencia. El carnaval, por lo tanto, representa un tiempo de liberación y disfrute antes de las restricciones de la Cuaresma. También se menciona el término "carnestolendas", que combina la idea de carne con el concepto de "quitar".

Martes de abundancia

Durante los días de carnaval, la relación entre la comida y la indulgencia se hace evidente, especialmente con la celebración del "mardi-gras" o "martes graso", que marca el último día de festividades antes del ayuno. En Nueva Orleans, la tradición incluye disfrutar del "King Cake", un pastel de canela y frutas, que simboliza la abundancia antes de los 40 días de privaciones.

En otras culturas, como en las naciones anglosajonas, se celebra el Shrove Tuesday o Pancake Tuesday, donde se consumen pancakes y se organizan carreras donde los participantes llevan sartenes con tortitas. Además, en Suecia se celebra el fettisdag, donde se comen semla, bollos rellenos de pasta de almendra y crema, como una forma de prepararse para el periodo de abstinencia. En general, estas festividades reflejan la necesidad de disfrutar y acumular reservas antes de los tiempos de ayuno.

El entierro de sardinas

El entierro de la sardina es una festividad que marca el final de los excesos del carnaval y la llegada de un periodo de moderación en la gastronomía española. Su origen se remonta al siglo XVIII durante el reinado de Carlos III, cuando se repartieron sardinas en mal estado en Madrid, lo que llevó a los habitantes a enterrarlas en el río Manzanares. Esta tradición se ha transformado en un rito anual, donde se realiza un cortejo fúnebre en luto por una figura que representa la sardina. En algunas localidades, la ceremonia incluye una sardinada popular, donde los asistentes disfrutan de sardinas de manera festiva.

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Cristina Ybarra