Si algo nos ha quedado claro en los últimos años es que la alimentación ya no solo es por supervivencia o salud. Comemos por placer, por emociones… y, sí, también por colores. Harto defendida ha sido la idea de la conquista al paladar desde la vista. En 2026, esa seducción cromática promete subir varios tonos.
Según la empresa de colorantes Oterra, desde el amarillo hasta púrpuras y verdes profundos el venidero año dibuja un arcoiris de productos y platos listos para romper esquemas y no necesariamente a partir de lo artificial, sino de alternativas obtenidas de frutas, plantas, raíces, algas y demás ingredientes de origen natural.
Las tendencias cromáticas de la alimentación
Aunque no se trata de un estudio científico de rigor, sino más bien de un análisis muy subjetivo basado en los intereses de los últimos meses en consumo, innovación tecnológica y observación del mercado global de alimentos y bebidas, este universo apunta a una preferencia por tonos como el amarillo, naranja, verde, azul terroso, púrpura o burdeos.
En consonancia con el interés por el auge del bienestar físico, inmunidad y emocional impulsa el protagonismo del amarillo y el naranja, dos tonos cálidos, cercanos y reconfortantes. Así, se podrán encontrar en sopas y cremas, zumos y bebidas cítricas, snacks horneados.
También ganarán terreno los tonos profundos, sofisticados y poco habituales. Para Europa el protagonismo serán los púrpuras, mientras que en Estados Unidos lo harán los verdes y azules terrosos, vinculados al mundo vegetal y a la autenticidad natural.
¿La razón? Su rareza y fotogenia, aunque técnicamente devienen los más complejos de conseguir a partir de ingredientes naturales. Los veremos especialmente en bebidas funcionales, coctelería sin alcohol, helados y postres, o food service. En cambio, cuando se piense en bebidas en favor del sueño aparecerá el turquesa como color definitivo.
También funcionará especialmente bien en quesos y productos gourmet, dulces y repostería creativa, bebidas refrescantes y snacks con propuestas sensoriales diferentes. En cuanto a otro bastante inesperado, el burdeos, tendrá su lugar en la mesa a la manera de alimentos ricos en proteínas, productos funcionales, snacks premium e incluso alternativas vegetales.
Pero, nada de esto es nuevo y la conclusión es clara: el color condiciona nuestras decisiones, cada vez más sobre todo en la alimentación.