A algunos nos da más pereza que a otros, pero nunca el pescado con espinas es algo agradable. Así, hay quien incluso decide cambiarlo por otra comida. Sin embargo, puede que esa decisión empiece a cambiar con Zhongke No. 6, una nueva cepa de pescado desarrollada por científicos en China, la cual está prácticamente libre de espinas intermusculares.
El avance ha sido posible gracias a un equipo liderado por el investigador Gui Jianfang en la Academia China de Ciencias (CAS). Forma parte de un programa estratégico de 6 años de la Academia China de Ciencias denominado “Precision Seed Design and Creation”, orientado a diseñar variedades animales y vegetales con rasgos específicos.
Se trata de una variedad de carpa gibel (Carassius gibelio), una especie muy popular en la gastronomía china,que se caracteriza por albergar más de 80 huesos intermusculares en forma de Y incrustados en su carne.
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El camino hacia el pescado sin espinas
Todo comenzó a partir de un mapeo del complejo genoma de la carpa, una tarea que resultó especialmente desafiante debido a que esta especie cuenta con múltiples juegos de cromosomas. El resultado fue la identificación del gen runx2b como el principal responsable de dirigir la formación de las espinas intermusculares.
Ahí entonces vino la intervención genética a través de la técnica CRISPR/Cas9. Mediante una intervención precisa en embriones, lograron interrumpir la actividad del gen runx2b en etapas tempranas del desarrollo. Así fue posible obtener un pez sin espinas intermusculares no se forman, mientras que su esqueleto principal se desarrollaba con total normalidad. Tampoco se modifica su sabor, textura o valor nutricional característicos de la carpa tradicional.
Otras virtudes de la variación genética del gibel es un crecimiento más rápido, mayor resistencia a enfermedades en sistemas de acuicultura intensiva así como una menor necesidad de alimentación para generar la misma cantidad de proteína. De manera que deviene una producción más eficiente, rentable y potencialmente más sostenible desde el punto de vista ambiental.
Aunque, su adopción comercial aún se encuentra en evaluación, ya lanza una pregunta inquietante:
¿Cuánto más será capaz la ciencia de sorprendernos y modificar lo que comemos?