
El agua de yuca ha estado en la tradición latinoamericana, con una fuerza particular en el sur como alternativa de bebida digestiva y nutritiva. Sin embargo, ahora también pretende conquistar los hogares de Europa, gracias al auge de bebidas vegetales en el mercado internacional.
También conocida como agua de mandioca o casava, esta elaboración es similar a la avena, pero con un valor nutricional que sorprende. Lo que la hace especial es que está elaborada a partir de la yuca, un tubérculo versátil y originario de América del Sur que hoy se cultiva en todo el mundo.
¿Por qué beber agua de yuca?
La yuca es un alimento rico en fibra lo cual la convierte en una aliada de los sistemas inmune y digestivo, al favorecer la microbiota y una opción natural para quienes buscan mantener un peso saludable. Asimismo, contiene carbohidratos complejos, vitaminas del grupo B y minerales como potasio y magnesio, que contribuyen a la buena salud cardiovascular y al equilibrio energético del cuerpo.
Algunas investigaciones científicas también la señalan como un alimento favorable para controlar los niveles de glucosa en sangre, lo que la convierte en una bebida apta para personas con diabetes o para quienes buscan mantener la saciedad y evitar picos de azúcar. Eso sí: la yuca nunca debe consumirse cruda, ya que contiene compuestos que pueden resultar tóxicos. La cocción elimina ese riesgo y permite disfrutar de todos sus beneficios sin problema.
Y lo mejor es que, al transformarse en bebida, la yuca no pierde estas propiedades. El resultado es una opción cremosa, de sabor suave, que ofrece la energía suficiente para enfrentar el día sin recurrir a productos ultraprocesados.
¿Cómo preparar el agua de yuca?
Para elaborarla en casa basta con una taza de yuca cocida, un litro de agua, azúcar o endulzante al gusto, una cucharadita de esencia de vainilla y, opcionalmente, una rama de canela.
El proceso es simple: tras cocer la yuca hasta que esté blanda, se licúa con el agua de cocción, el endulzante, la vainilla y la canela. Luego se cuela para conseguir una textura uniforme. Se sirve fría y está lista para disfrutar. Algunas variantes suelen añadir cacao, o sustituir el azúcar por miel o stevia, e incluso combinarla con frutas tropicales como mango o piña.