Comer durante El Rocío, una gran romería con sabor andaluz
Una peregrinación siempre es motivo de emoción: un camino donde el corazón y los pies avanzan al mismo ritmo con el objetivo de llegar al destino final tras haber cumplido una promesa. Así lo viven quienes realizan la romería hasta El Rocío. Con sus carretas, sus sombreros para protegerse del sol y la virgen colgada al cuello, los rocieros que llegan hasta Almonte viven siete días en los que también hay que reponer fuerzas. Y qué mejor manera de hacerlo que comiendo. Vámonos a descubrir qué se come durante el camino hacia El Rocío.
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La gastronomía en el Rocío: comer para seguir peregrinando
Ya es Lunes de Pentecostés y hoy los rocieros llegan a su destino: la ermita de El Rocío, el pequeño edificio blanco que salvaguarda a la Virgen. Allí se vive una de las tradiciones más emblemáticas de la romería, el “salto a la reja”, el momento en el que los devotos sobrepasan los barrotes que protegen a la Virgen para sacarla al sol de Andalucía.
Quienes llevan varios días bajo el sol de Huelva llenan sus cestas para comerse El Rocío a bocados en cada parada del camino. Embutidos, panes y vinos aguardan su momento para acompañar al clasiquísimo potaje rociero, a las papas con choco, la berza jerezana o el arroz campero, platos que se cocinan tanto en las cocinas de las carretas como en los fogones portátiles que salen al exterior cuando el andar cesa.
En la mayor romería de España reinan los productos locales y la cocina de aprovechamiento, porque lo que hay es lo que se cocina, como siempre se ha hecho y Andalucía reconoce. Y como en esta comunidad el buen comer es costumbre, durante el camino hacia la Blanca Paloma no iba a ser menos. El menú comienza a servirse cuando las carretas se asientan para pasar la tarde y el sol aprieta con fuerza.
Patatas rocieras
Así comienza un aperitivo rociero: con unas papas que viven en la memoria de cualquier andaluz. Aquí aprovechar es clave, así que las sobras de la carne del puchero del día anterior se mezclan con un poco de jamón y huevo duro, o bien con bacalao desalado o incluso, en su versión más accesible, con atún en conserva. Todo ello se aliña con un buen chorreón de aceite de oliva, ajo, perejil y sal.
La gracia está en una salsa resolutiva elaborada con dos huevos batidos, pimienta molida y nuez moscada. Algunos también añaden mayonesa o alioli casero. Y, para darle un toque todavía más fresco, hay quien incorpora cebolla muy picada.
Las patatas, además, deben estar cocidas, por lo que al removerlas hay que hacerlo con cuidado para evitar que se rompan.
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Potaje rociero
Para el plato fuerte, uno muy español y muy parecido al mítico potaje de vigilia de Semana Santa. La diferencia está en que, en lugar de bacalao, aquí se añaden chorizo, morcilla, panceta y otras partes del cerdo que convierten el guiso en una receta mucho más contundente.

Berza jerezana
Este plato de cuchara, con el garbanzo como protagonista, combina esta legumbre con alubias y tagarninas, un vegetal silvestre muy típico de Andalucía que recuerda al cardo común y aporta un sabor ligeramente amargo y muy característico.
Los postres rocieros, el toque dulce del camino
En El Rocío también hay espacio para el dulce. Los postres rocieros suelen ser sencillos, fáciles de transportar y muy ligados a la tradición andaluza. Entre los más habituales están las torrijas, especialmente cuando la romería coincide cerca de la temporada de Semana Santa; los pestiños bañados en miel; las roscas fritas y las clásicas yemas o dulces conventuales que muchas hermandades llevan consigo durante la peregrinación.
Tampoco faltan las frutas frescas, fáciles de conservar en las carretas, ni los bizcochos caseros que acompañan los cafés de sobremesa cuando el camino se detiene y llega el momento de descansar.
Entre caminos de arena y cantes, la gastronomía se convierte en otra forma de compartir la romería: una cocina humilde que reivindica una Andalucía arraigada. Comer también es parte del camino hasta la Virgen que espera su momento un año más.