Lo de toda la vida nunca falla: vuelven las ganas de cocina tradicional
Llevo un tiempo dándole vueltas a algo que cada vez veo más claro, tanto en lo que me apetece a mí como en lo que está pasando alrededor: estamos volviendo a la comida de siempre. Y no lo digo como tendencia ni como algo que queda bien decir, es que se nota. En las reservas, en los planes, en ese momento incómodo en el que tienes que elegir restaurante y ya no te apetece complicarte demasiado.
Venimos de unos años en los que salir a comer era casi un ejercicio de curiosidad constante. Nos hemos acostumbrado a probar cocinas de otros países, mezclas raras, platos que hace no tanto nos sonaban a otro idioma y que ahora entendemos sin problema. Y eso ha sido increíble, la verdad. Nos ha abierto la cabeza y el paladar, y sería absurdo negarlo.
Pero hay un momento en el que algo cambia. No es que te canses, porque sigues disfrutando, pero ya no es lo primero que te apetece.
El otro día, organizando el fin de semana, tuve una conversación con mi madre que se me quedó más de lo que pensaba:
—¿Comemos el domingo?
—Sí, hija… pero llévame a un sitio con comida normal, de los de siempre.
En el momento me hizo gracia, pero luego me di cuenta de que tenía todo el sentido del mundo. Porque esa “comida normal” de la que hablaba no es ni simple ni aburrida, es justo la que no necesita explicación. La que no te obliga a pensar qué estás comiendo ni por qué. La que te apetece sin más.
Es un poco lo que pasa cuando viajas. Puedes estar días comiendo espectacular, probando cosas nuevas, disfrutando muchísimo… pero llega un punto en el que empiezas a pensar en algo tan básico como un pan con tomate, un bocadillo de jamón o una tortilla de patata bien hecha. A mí me pasa siempre, y además sin avisar. De repente lo único que quiero es eso.
Y además pasa otra cosa curiosa. Te empiezan a venir a la cabeza sitios en los que sabes que siempre has comido bien, pero que habías ido dejando de lado sin darte cuenta. Restaurantes que nunca se fueron, pero que tú apartaste un poco porque estabas en otra cosa. Ese en el que la carne es brutal, el pescado es una experiencia en sí mismo, donde te ponen una ensaladilla para empezar sin necesidad de inventar nada o unas patatas fritas caseras de verdad, de las que ya casi no se ven. Y piensas: “¿por qué hacía tanto que no venía aquí?”
No creo que sea nostalgia ni ganas de volver atrás, sino algo bastante más sencillo y, a la vez, más difícil de explicar: tiene que ver con reconocer lo que comes, con disfrutarlo sin necesidad de analizarlo todo el rato, sin tener que entender cada plato como si fuera un ejercicio. Y quizá por eso está pasando esto, o al menos es la sensación que yo tengo cada vez más a menudo.
En la capital, se ve bastante claro si te paras a mirar con un poco de calma, porque hay muchos sitios de los de siempre, de producto, de carta reconocible, que están más llenos que nunca, no porque se hayan puesto de moda de repente, sino porque nunca han dejado de estar ahí y, de alguna manera, estamos volviendo a ellos.
Restaurantes como Mesón de Fuencarral, donde sabes perfectamente a lo que vas y casi nunca fallas, El Telégrafo o El Pescador, que sigue funcionando porque hacen exactamente lo que esperas, pescados que son una experiencia en si mismos sin necesidad de reinventarse ni de dar demasiadas explicaciones.
Y luego están otros restaurantes en Madrid como Amparito Roca o El Qüenco de Pepa, que quizá tienen un punto más actual, pero que en el fondo parten de lo mismo: buen producto, platos que reconoces sin tener que pensarlos demasiado y una forma de cocinar que no necesita justificarse continuamente para tener sentido.
Al final, después de haber probado tantas cosas y de haber buscado constantemente algo distinto, lo que realmente apetece muchas veces es algo mucho más simple, sentarte, pedir casi sin mirar demasiado la carta y que todo esté bueno, sin más vueltas, sin pensar demasiado y sin expectativas raras.
Y al final acabas volviendo a esos sitios casi sin darte cuenta. No sé, al menos a mí me está pasando.
Te puede interesar: 4 restaurantes que llevan siglos abiertos y siguen llenándose hoy