Caracoles: del amor al odio o ¿viceversa?

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Gabriela Sánchez
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plato de caracoles

Algunos choques culturales vienen de la mano de la gastronomía. Así, lo que para el paladar extranjero pueda parecer exótico, raro e incluso desagradable, para otros es simplemente un plato común o de rechupete. En el Mediterráneo, sobre todo España, comer caracoles resulta una de esas recetas que no deja indiferente a ningún turista. 

Lo cierto es que a la vista muchos se rajan. Sin embargo, estos pequeños moluscos merecen una oportunidad, sobre todo por su salsa, la clave de que sean los favoritos incluso de niños. De textura gelatinosa,y carne firme, los caracoles, se tornan tan jugosos que se disfrutan desde el primer bocado. Pero, lo mejor de todo es la tradición e historia que entrañan. 

El origen de comer caracoles

La receta data del Paleolítico. Por tanto, se trata de uno de los platos más antiguos de la región. Por su accesibilidad y valores nutricionales, fue alimento muy socorrido en la época de hambruna y durante la Cuaresma como alternativa a la carne. De hecho, en la Antigua Roma, incluso se establecieron criaderos para satisfacer la demanda.

En España, cada región tiene su propia forma de cocinarlos y presentarlos. La especie más típica para cocinarlo es la gran Helix pomatia, también llamada caracol de viña o de Bourgogne. En Valencia, forman parte de las paellas. Por su parte, en Cataluña, se sirven a la llauna, asados con ajo y perejil, mientras, en Andalucía, se preparan en caldos especiados. Cada uno con su propio secreto. 

Los caracoles sobre la mesa  

Lo primero que llama la atención del plato es su aroma. Es típico servirlo en una salsa de especias, ajo y tomate. Eso sí, los verás incluso en su caparazón. La técnica para comerlos es sacar cuidadosamente la carne y luego descubrir su toque terroso.

La versión más clásica de la salsa lleva mantequilla, perejil y ajo, aunque otras incluyen  tomate, cebolla, anchoas,  tomillo, orégano y hasta menta, anís o jengibre. Por otro lado, hay elaboraciones donde se apuesta por mezclarlo con caldo de jamón ibérico y pimentón, o fritos con aceite y cebolla. 

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