El primer libro de cocina de la historia y las recetas que hoy todavía sorprenden

El primer libro de cocina de la historia y las recetas que hoy todavía sorprenden

Las primeras recetas escritas de la historia nacieron hace casi 4.000 años en Babilonia y evolucionaron hasta convertirse en libros como el de Apicio en Roma. Hoy, estos textos no solo revelan cómo se cocinaba en la antigüedad, sino que siguen inspirando platos actuales.
Recetario antiguo junto a tablillas de arcilla con recetas de Babilonia considerado el origen del primer libro de cocina de la historia
El primer libro de cocina de la historia desde Babilonia hasta Roma
Jueves, Abril 23, 2026 - 09:00

¿Cuál fue el primer libro de cocina del mundo? La respuesta no es tan sencilla como parece. Depende de lo que consideremos “libro”: puede remontarse a unas tablillas de arcilla de hace casi 4.000 años o a un manuscrito romano mucho más estructurado.

Lo que sí está claro es que la historia de la gastronomía escrita comienza mucho antes de lo que imaginamos, y algunas de aquellas recetas siguen resultando sorprendentes incluso hoy.

¿Cuál fue el primer recetario de la historia?

El testimonio culinario más antiguo conocido son las Tablillas Culinarias de Yale, procedentes de la antigua Babilonia y datadas entre el 1700 y 1750 a.C..

¿Qué son exactamente? Se trata de tres tablillas de arcilla escritas en cuneiforme que contienen alrededor de 25 recetas, principalmente guisos y caldos destinados a la corte real.

Entre sus preparaciones aparecen platos como guisos de gacela o cordero, elaborados con técnicas que sorprenden por su sofisticación, incluyendo procesos similares a los sofritos y reducciones actuales.

El primer libro de cocina como tal en la Antigua Roma

Si hablamos ya de un formato más cercano al concepto moderno de libro, el título lo ostenta el De re coquinaria, atribuido a Marco Gavio Apicio en el siglo I d.C.

Aunque su versión definitiva es una compilación posterior (siglos IV-V), este recetario es considerado el referente culinario más importante de la antigüedad occidental.

En sus páginas se describen ingredientes exóticos, técnicas complejas y platos que reflejan el lujo del Imperio Romano.

El primer libro de cocina impreso de la historia

Con la llegada de la imprenta, el primer recetario publicado de forma masiva fue De honesta voluptate et valetudine, escrito por Bartolomeo Platina en 1475.

Este libro no solo incluía recetas, sino también consejos sobre nutrición, dietética y estilo de vida saludable, adelantándose siglos a las tendencias actuales.

Recetas antiguas que parecen actuales (y otras que no tanto)

Más allá de su valor histórico, estos textos esconden recetas que conectan directamente con la cocina contemporánea.

La “primera hamburguesa” de la historia

Del recetario de Apicio surge la Isicia Omentata, considerada por muchos como la antecesora de la hamburguesa moderna.

Ingredientes: carne picada (cerdo o ternera), pimienta, piñones, garum (salsa de pescado fermentado) y hierbas como mirto o romero.

El detalle más sorprendente: la carne se envolvía en redaño, una fina membrana grasa, para conservar su jugosidad durante la cocción.

Un estofado babilónico de hace 4.000 años

Entre las recetas de las tablillas de Yale destaca un estofado de cordero con remolacha que demuestra un nivel técnico avanzado para su época.

Ingredientes: carne de cordero, grasa de oveja, cebolla, ajo, puerros, remolacha y cerveza.

El uso de cerveza como base de cocción y la ausencia de medidas exactas reflejan una cocina intuitiva pero sorprendentemente sofisticada.

Los ingredientes más extravagantes de la historia

El recetario de Apicio también incluye ingredientes que hoy resultarían impensables, como lenguas de flamenco o talones de camello, reflejo del lujo y la ostentación de la élite romana.

Su cocina no solo buscaba sabor, sino también demostrar riqueza y poder a través de productos exóticos.

Hoy, reinterpretar estas recetas es una forma de conectar con el origen de la gastronomía. Sustituir el garum por salsa de soja o versiones modernas permite acercarlas al paladar actual sin perder su esencia histórica.

La gran pregunta es inevitable: ¿te atreverías a probar una receta de hace 2.000 años?

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