Harina P.A.N. gana el Tenedor de Oro 2025 y convierte la arepa en símbolo global
No es un restaurante, ni un chef, ni un grupo empresarial. Por primera vez, el máximo reconocimiento de la gastronomía venezolana ha recaído en un producto. La harina P.A.N. ha sido distinguida con el Tenedor de Oro 2025, marcando un antes y un después en la historia de estos galardones.
La ceremonia, celebrada en los espacios de Bodegas Pomar, se convirtió en algo más que una entrega de premios: fue un homenaje a la identidad, al producto y a la memoria colectiva de un país.
Un premio que cambia las reglas de la gastronomía
Hasta ahora, el Tenedor de Oro había reconocido trayectorias, restaurantes o grupos empresariales. Este año, sin embargo, la Academia Venezolana de Gastronomía ha dado un paso más allá al premiar un símbolo cotidiano convertido en patrimonio cultural.
Con más de 65 años de historia, la harina P.A.N. ha sido el soporte de uno de los alimentos más representativos de Venezuela: la arepa. Un gesto aparentemente simple, amasar, cocinar, compartir, que ha trascendido generaciones y fronteras.
Durante el acto, Ivanova Decán Gambús, presidenta de la Academia, subrayó el valor emocional del premio, destacando que reconocer este producto es, en realidad, reconocer a Venezuela en su conjunto.
Una gala que dibuja el mapa gastronómico del país
La edición 2025 dejó claro que la gastronomía venezolana no se limita a un solo territorio. Lejos del tradicional enfoque centrado en la capital, el evento puso en valor la riqueza culinaria de distintas regiones.
El talento de Frank Parada, distinguido como mejor chef en ejercicio, refleja esta descentralización: su cocina en Valencia (Carabobo) conecta producto local con una visión contemporánea de alto nivel.
También se reconoció el trabajo de Daniel Verde, premiado con el galardón Armando Scannone, así como el valor editorial de obras como Una arepa hecha postal, una publicación que convierte este icono en relato gastronómico, y Panaderías caraqueñas, que rescata la memoria de la migración a través del pan.
El reconocimiento se extendió además a proyectos que representan distintas facetas del país: el cacao de Barlovento con Herencia Divina, la tradición ganadera de Hato Las Caretas, la industria de embutidos de Giacomello o la artesanía contemporánea de Cerámicas Miku.
Curiosidades de un premio que va más allá del plato
El Tenedor de Oro 2025 deja varias claves que explican su dimensión:
Es la primera vez que un producto individual recibe el máximo galardón, lo que redefine el concepto de reconocimiento gastronómico. La elección no responde solo a la calidad, sino a la capacidad de generar identidad.
La harina P.A.N. no es únicamente un ingrediente: es un vínculo cultural. Su papel en la arepa la convierte en un elemento presente tanto en la cocina doméstica como en propuestas de alta gastronomía.
Además, la gala integró elementos culturales poco habituales en este tipo de eventos, como un canto ancestral durante el homenaje al cacao, reforzando la conexión entre gastronomía y tradición.
La arepa como lienzo gastronómico y su maridaje
El reconocimiento a la harina P.A.N. abre también una lectura contemporánea: la arepa como soporte gastronómico capaz de adaptarse a cualquier estilo.
Desde versiones tradicionales con queso fresco o pollo y aguacate, hasta reinterpretaciones con productos como pescados marinados, carnes curadas o vegetales asados, la arepa se consolida como uno de los formatos más versátiles del panorama actual.
En el terreno del maridaje, su neutralidad y textura permiten múltiples combinaciones. Funciona especialmente bien con vinos blancos frescos, espumantes o incluso cervezas ligeras, dependiendo del relleno.
Esta capacidad de adaptación es precisamente la que ha permitido a la arepa cruzar fronteras y posicionarse como uno de los grandes iconos gastronómicos de América Latina.
Mucho más que gastronomía
Para Adriana Acosta, gerente de Marca P.A.N., el premio representa el reconocimiento a décadas de constancia y conexión con los hogares venezolanos.
La Academia no solo ha premiado un producto, sino una historia compartida, un símbolo de resiliencia y una forma de entender la cocina.
Porque hay alimentos que alimentan… y otros que construyen identidad.