
En un mundo donde la gastronomía busca constantemente sorprender, el vino azul se ha convertido en una de las creaciones más llamativas de la última década. Con su color vibrante y su espíritu transgresor, esta bebida rompe con la imagen tradicional del vino, atrayendo especialmente a un público joven y curioso que busca experiencias diferentes.
¿Qué es el vino azul?
El vino azul es una bebida elaborada a partir de vino blanco, tinto o una mezcla de ambos, al que se añaden pigmentos naturales que le confieren su característico tono. La clave está en la antocianina, presente en la piel de las uvas tintas y en frutos como los arándanos, y en ocasiones en la indigotina, otro colorante de origen natural.
El resultado es una bebida con una graduación alcohólica en torno al 11,5%, similar a la de otros vinos jóvenes, pero con un perfil mucho más fresco y frutal.
Características principales
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Color: azul eléctrico, imposible de confundir con otro vino.
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Sabor: ligero, con notas frutales, tropicales y en algunos casos un punto dulce.
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Base: puede partir de vinos blancos, tintos o de un coupage.
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Público objetivo: consumidores jóvenes o quienes buscan romper la rutina del vino clásico.
Origen del vino azul
Aunque existen distintas marcas en el mercado, el fenómeno nació en España en 2016 con la aparición de Gik Live!, un proyecto desarrollado por un grupo de jóvenes en colaboración con la Universidad del País Vasco (UPV-EHU). La idea era clara: cuestionar la tradición vinícola y ofrecer algo disruptivo, con un enfoque más cercano a la música, el arte y la creatividad que al academicismo enológico.
Pronto, su éxito despertó interés en otros países. México lanzó su propia versión con “Anécdota Azul”, elaborada también con pigmentos de la piel de la uva. Desde entonces, el vino azul ha seguido expandiéndose como símbolo de innovación y modernidad.
Controversia y regulación
No todo ha sido aceptación. La Unión Europea, muy estricta en cuanto a la catalogación de vinos, no reconoce el vino azul dentro de las categorías oficiales, ya que la adición de pigmentos altera el proceso tradicional. Esto lo obliga a comercializarse en algunos casos bajo la etiqueta de “bebida alcohólica a base de vino”.
Aun así, esta limitación no ha frenado su popularidad ni su carácter innovador. Para muchos, el vino azul no pretende reemplazar al vino clásico, sino ofrecer una experiencia alternativa que combine lo sensorial con lo estético.
Una experiencia visual y gastronómica
El vino azul no solo se bebe: se fotografía, se comparte en redes sociales y se convierte en un elemento llamativo en eventos y celebraciones. Marida especialmente bien con postres, platos ligeros y tapas frescas, aunque su mayor valor está en su impacto visual y en su capacidad para atraer a quienes nunca se habían acercado al vino.
Nació en España, se expandió al mundo y hoy sigue generando debate entre puristas y vanguardistas. Lo cierto es que, guste más o menos, ha logrado lo que pocos vinos pueden: ser tema de conversación y abrir la puerta a un nuevo modo de entender la cultura del vino.