
Los viticultores franceses han dado inicio a la vendimia 2025 antes de lo previsto, forzados por las altas temperaturas que afectan a regiones como Burdeos. Tradicionalmente, la recogida de la uva se realizaba en septiembre y octubre, pero este lunes 19 de agosto, fincas como Château Carbonnieux ya comenzaron con los primeros cortes.
El calor extremo, con máximas cercanas a los 40 grados y la escasez de lluvias, ha acelerado la maduración de la uva, sobre todo en variedades blancas, adelantando casi un mes el inicio de la campaña.
El impacto del clima en la calidad del vino
Eric Perrin, propietario de Château Carbonnieux, afirma que lo que antes era un clima atlántico hoy se parece más al mediterráneo. Desde 2018, las olas de calor ya no son una excepción, lo que incrementa los niveles de azúcar en la uva y da como resultado vinos con mayor graduación alcohólica.
Andrea Perrin, enóloga de la bodega, advierte que algunas partidas alcanzan hasta el 14% de alcohol, superando los límites de ciertas regulaciones AOC (Denominación de Origen Controlada) y alejándose de los gustos de los consumidores habituales de vinos blancos.
Estrategias para equilibrar el vino
Para compensar este fenómeno, los técnicos apuestan por recoger más tarde las uvas de parcelas con suelos arcillosos, que conservan mejor la acidez. El objetivo es crear cuvées equilibradas con graduaciones de entre el 12 y 13%, más ajustadas a las expectativas del mercado.
Un desafío compartido en las regiones vitivinícolas
Lo ocurrido en Burdeos se repite en otras zonas de Francia, donde los productores deben adaptarse al calor mediante nuevas técnicas de cultivo y recolección. La situación plantea un reto global: preservar la tipicidad del vino francés en un escenario de veranos cada vez más secos y calurosos.
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