La experiencia es un grado y todos, como clientes habituales de restaurantes, tenemos una pequeña lista negra de platos que preferimos evitar. Pero más allá de gustos personales, son los propios chefs quienes conocen mejor que nadie qué opciones conviene esquivar si no queremos pagar de más por algo que rara vez merece la pena.
Sin demonizar ningún producto, porque siempre hay excepciones, muchos profesionales coinciden en que ciertos platos se repiten en cartas de medio mundo por pura moda, con una relación calidad-precio cuestionable y un margen inflado que no siempre se justifica.
Ostras: lujo inflado
Las ostras se han popularizado hasta convertirse en reclamo habitual, incluso en locales que buscan una imagen informal. Sin embargo, muchos cocineros consideran excesivo pagar entre 35 y 45 euros por un plato de ostras servidas sin elaboración, cuando en Francia una docena puede costar alrededor de 15 euros.
El consenso profesional es claro: salvo elaboraciones trabajadas, el precio suele estar más ligado al aura de lujo que al valor real del producto.
Carne de Kobe (o lo que dicen que lo es)
El mito de la carne de Kobe sigue funcionando como imán comercial. El problema es que la mayoría de lo que aparece en cartas occidentales no procede del auténtico wagyu japonés puro, sino de cruces o interpretaciones libres del término.
Muchos chefs alertan especialmente de su uso en platos como hamburguesas o tacos, donde el supuesto valor añadido desaparece, pero el precio se dispara.
Trufa: cuidado con el aroma
La trufa es uno de los ingredientes más utilizados para justificar suplementos en carta. El problema es que, en demasiadas ocasiones, lo que llega al plato no es trufa fresca, sino aceites aromatizados o esencias sintéticas sin valor gastronómico.
Pagar 10 o 20 euros extra por unas virutas que apenas aportan sabor real es, para muchos cocineros, uno de los errores más comunes del comensal.
Calamares fritos: el riesgo oculto
Los calamares a la romana, rabas o empanados siguen siendo un clásico. El problema aparece en restaurantes donde no son especialidad. Cada vez es más frecuente encontrar productos de quinta gama, exceso de rebozado o incluso pota en lugar de calamar.
Según algunos cocineros, se trata de uno de los platos con peor relación calidad-precio cuando no se ejecuta correctamente.
Spicy tuna roll: el sushi que esconde demasiado
En muchos restaurantes japoneses o asiáticos, el spicy tuna roll se elabora con recortes o partes menos nobles del pescado, ocultas bajo salsas picantes, aguacate y otros ingredientes.
Cuanto más picante es la salsa, más probable es que se esté enmascarando la falta de calidad del producto base.
Platos de pollo caros
Para muchos cocineros, cualquier plato de pollo que supere los 20 o 25 euros resulta difícil de justificar. Incluso en versiones supuestamente premium, el coste real del producto para el restaurante es bajo.
Ni técnicas de cocción lenta ni salsas especiales suelen compensar un precio elevado en uno de los ingredientes más económicos de la cocina profesional.
Evitar estos platos no garantiza una comida perfecta, pero sí reduce las probabilidades de pagar de más por una experiencia decepcionante. Escuchar a los chefs, fijarse en la especialidad del local y desconfiar de los reclamos de lujo fáciles suele ser la mejor estrategia.
Al final, comer bien no siempre es pedir lo más caro, sino lo que el restaurante sabe hacer mejor.