Monumentos gastronómicos, un viaje por la España más divertida
Si sales de viaje en coche por España, verás miles de millones de árboles, molinos de viento y campos de girasoles, lavanda o mismamente coliflores. Pero si te sales de la autopista y comienzas a visitar pueblos, comenzará un paisaje distinto: el de las rotondas. Nunca conocerás a un pueblo mejor que por su rotonda de entrada. En estas formaciones viales, puedes ver incluso qué vas a comer, y es que en España la gastronomía está a la vista. Fans incondicionales de los monumentos gastronómicos.
Cualquier alimento que dé trabajo y sustento es digno de hacerle un monumento, y eso en España se entiende bien. También fuera de las rotondas, incluso en las plazas centrales de los pueblos y alguna que otra ciudad, hacen referencia a los ingredientes más emblemáticos de la zona.
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¿Nos vamos de paseo a visitar monumentos gastronómicos?
Unos le llamarán el absurdo arquitectónico o el arte de lo grotesco, pero la verdad es que esta tendencia estética se llama el “feísmo”. En efecto, habla de todas aquellas esculturas que valoran lo antiestético, lo feo o lo desagradable para transformarlo en una expresión artística. No siempre es así, básicamente porque: a cada pueblo, sus gustos.
El tomate de Miajadas
En el centro de una rotonda a la entrada del municipio cacereño de Miajadas: un tomate. De lejos, un chupachups. Pero cuando te acercas, realmente hace referencia al principal producto agrícola de las tierras extremeñas, pues Miajadas es la Capital Europea del Tomate. No podía ser de otra forma, con uno de 12 metros resguardando la entrada a la localidad.
El pepino gigante de Huete
Tal vez el vegetal es lo más saludable de la ginebra… Has leído bien, porque esta escultura fue plantada en homenaje a los huertos de pepino que plantó Hendrick’s como ingrediente principal de su marca de ginebra. De hecho, fue la empresa la que regaló este monumento de 3,5 metros al ayuntamiento.
Monumento al turrón de Agramunt
Si no lo ves, y con los antecedentes anteriores, ¿un turrón gigante? Mejor aún, una báscula de turrón de Agramunt gigante. Esta balanza equilibra un saco de trigo y la réplica del dulce en la plaza del mercado (por fin, fuera de una rotonda). Ambos simbolizan los productos que sostienen a la comarca y al pueblo. Además, su turrón lo pone sobre el mapa.
En el otro lado de España también está el Monumento a las Turroneras en La Alberca, en Salamanca. Se trata de una escultura que representa a una mujer cortando turrón, un comercio esencial para la provincia.
Rotonda de Cándido en Segovia
Segovia y Cándido; Cándido y Segovia. Dos inseparables que quedan en la memoria y en el paladar, y desde 1996 también en la retina de los conductores que la sobrepasan en el puente de Sancti Spiritu.
Plato en alto, como muchos lo conocieron y otros lo recuerdan, y cochinillo a punto de ser tajado. Lo único es que esta vez la cerámica no correrá la misma suerte ni ningún conductor tendrá que esquivarla.
El chicharro de Santa Cruz de Tenerife
Si alguna vez te llaman chicharrero es que ya te sienten parte de su isla. Los tinerfeños han llegado al punto de identificar su gentilicio con el de los pescadores de chicharro, un alimento que es identidad del mercado canario. También llamado jurel, se ha convertido en uno de los símbolos de la ciudad, pues incluso su enclave se llama ahora la plaza del Chicharro.
Representa los orígenes más humildes de la ciudad. En sus inicios, hacía referencia a un pescado de mala calidad que los santacruceros acogieron con orgullo finalmente.
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