Los cafés más antiguos del mundo donde se escribió la historia

Los cafés más antiguos del mundo donde se escribió la historia

Desde Le Procope en París hasta Café Central en Viena, estos cafés históricos fueron centros de pensamiento y cultura. Hoy siguen abiertos como auténticos símbolos del pasado donde nacieron ideas que cambiaron el mundo.
salón de uno de los cafés más antiguos del mundo
Cafés más antiguos del mundo donde se escribió la historia
Martes, Abril 28, 2026 - 10:00

En una época dominada por cafeterías minimalistas, pantallas y consumo rápido, resulta fácil olvidar que el café fue, durante siglos, un motor de cambio. Hubo un tiempo en el que sentarse en una mesa de mármol significaba formar parte de la historia: allí se debatían ideas, nacían movimientos culturales y se escribían obras que aún hoy definen nuestro mundo. Estos cafés no son solo espacios históricos, son escenarios donde la arquitectura, la memoria y la cultura siguen conviviendo en el tiempo.

Cuando un café era el epicentro del pensamiento

Durante los siglos XVIII y XIX, entrar en un café suponía integrarse en una conversación colectiva donde política, arte y filosofía se entrelazaban. Lejos de ser simples locales de consumo, estos espacios funcionaban como auténticas academias informales donde se construía el pensamiento moderno.

Hoy, muchos de esos cafés siguen abiertos, convertidos en cápsulas del tiempo que permiten no solo observar la historia, sino formar parte de ella.

Los cafés más antiguos del mundo que siguen marcando época

Fundado por Francesco Procopio dei Coltelli, está considerado el café más antiguo de París y el primer gran café literario del mundo. Fue el punto de encuentro de figuras clave de la Ilustración como Voltaire, Jean-Jacques Rousseau y Denis Diderot, donde se gestaron ideas fundamentales como la Encyclopédie.

Durante la Revolución Francesa, se convirtió en un centro neurálgico político frecuentado por Maximilien Robespierre, Georges Danton y Jean-Paul Marat. Como curiosidad histórica, aún conserva el sombrero que Napoleón Bonaparte dejó como fianza. Hoy funciona como una brasserie clásica donde se pueden degustar platos como el coq au vin o los caracoles.

  • Antico Caffè Greco, Roma, 1760

Fundado por Nicola della Maddalena, es el café más antiguo de Roma y uno de los más emblemáticos de Europa. Durante siglos fue parada obligatoria del Grand Tour, convirtiéndose en un punto de encuentro donde confluyeron arte, literatura y política.

Entre su ilustre clientela se encuentran figuras como Johann Wolfgang von Goethe, Friedrich Nietzsche, Mark Twain o Henrik Ibsen. También fue frecuentado por músicos como Wagner, Liszt o Bizet, consolidándose como uno de los centros culturales más relevantes de su tiempo.

  • Confeitaria Nacional, Lisboa, 1829

Ubicada en la Praça da Figueira, esta histórica pastelería fundada por Balthazar Roiz Castanheiro es la más antigua de Lisboa y continúa en manos de la familia original.

En 1871 fue nombrada proveedora oficial de la familia real portuguesa, lo que consolidó su prestigio. Además, se le atribuye la introducción del Bolo Rei en Portugal, cuya receta, traída desde París, sigue siendo un secreto. Su oferta incluye pastéis de nata, tartas de almendra y repostería conventual elaborada de forma artesanal.

Fundado por Jean Touan, es el café más emblemático de Argentina y uno de los grandes símbolos culturales de América Latina. Situado en la Avenida de Mayo, fue refugio de intelectuales como Jorge Luis Borges, Julio Cortázar o Federico García Lorca.

Fue sede de “La Peña”, liderada por Benito Quinquela Martín, y hoy mantiene su actividad cultural en “La Bodega”, donde se celebran espectáculos de tango y jazz. Su oferta gastronómica incluye clásicos como churros con chocolate, café con leche y medialunas.

  • Café Gambrinus, Nápoles, 1860

Fundado por Vincenzo Apuzzo, se convirtió rápidamente en uno de los centros culturales más importantes de Italia. Situado junto a la Piazza del Plebiscito, fue frecuentado por figuras como Oscar Wilde, Ernest Hemingway o Jean-Paul Sartre.

En 1938 fue cerrado por el régimen fascista por considerarse un lugar de reunión de opositores, y no fue hasta los años 70 cuando recuperó su esplendor original.

  • Café Central, Viena, 1876

Este histórico café vienés fue uno de los principales centros de debate intelectual de Europa. Frecuentado por Sigmund Freud, León Trotsky y Stefan Zweig, llegó a ser conocido como la “Universidad del Ajedrez”.

En enero de 1913 coincidieron allí figuras como Trotsky, Stalin, Hitler y Tito, lo que lo convierte en un reflejo único de la historia europea del siglo XX.

  • Confeitaria Colombo, Río de Janeiro, 1894

Fundada por inmigrantes portugueses, representa el esplendor de la Belle Époque carioca. Sus espejos belgas, mármol italiano y vitrales franceses crean un ambiente único.

Entre 1912 y 1918 fue renovada en estilo Art Nouveau, y en 1983 fue declarada Patrimonio Cultural. A lo largo de su historia, ha sido punto de encuentro de artistas, políticos e intelectuales.

Diseñado por Alajos Hauszmann, este café es considerado uno de los más bellos del mundo. Su interior neobarroco, con frescos y dorados, lo convirtió en epicentro de la vida literaria de Budapest.

Tras un periodo de abandono durante la era comunista, fue restaurado en 2006 para recuperar su esplendor original.

  • Café Imperial, Praga, 1914

Inaugurado en la calle Na Poříčí, destaca por su interior recubierto de cerámica decorativa. Diseñado por Jaroslav Benedikt, es un ejemplo único de Art Nouveau y Art Deco temprano.

Fue punto de encuentro de figuras como Franz Kafka y el compositor Leoš Janáček.

  • Café Majestic, Oporto, 1921

Inaugurado como “Elite”, es una joya del Art Nouveau portugués diseñada por João Queirós. Su interior, con espejos belgas y lámparas de araña, evoca la Belle Époque.

Se dice que J.K. Rowling escribió aquí sus primeras ideas de Harry Potter, lo que lo ha convertido en un punto clave de la cultura popular contemporánea.

Cafés que no son pasado, sino presente

Estos cafés han sobrevivido a guerras, crisis económicas y cambios sociales, adaptándose sin perder su esencia. Son espacios donde el tiempo parece detenerse, donde cada detalle cuenta una historia y donde el café sigue siendo una excusa para algo mucho más grande.

Porque quizá ahí reside su magia. En recordar que hubo un tiempo, y todavía existe, en el que una conversación, una idea y una taza de café podían cambiar el mundo.

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