Postres medievales de conventos y monasterios: historia, fe y mucho sabor

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Gabriela Sánchez
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postres medievales

Los muros de conventos y monasterios de España guardan algo más que historia. Si se miran con detalle, además de la majestuosidad de muchas de sus construcciones, en muchos de ellos se esconden pequeñas tornos de madera con anuncios de dulces, en su mayoría postres medievales…La razón es una tradición repostera que ha sabido preservarse desde la Edad Media

Lo debe al compromiso con que muchas comunidades religiosas han mantenido vivas recetas que se remontan a varios siglos, elaboradas con mimo. El resultado son verdaderas obras maestras de la pastelería artesanal y la conversión de la repostería conventual en un verdadero patrimonio dulce y cultural de España

La costumbre de preparar dulces en los conventos se remonta al siglo XV, cuando las monjas solían elaborar dulces tanto para su propio consumo como para agasajar a benefactores y mecenas. Poco a poco, se convirtió en una fuente de sustento económico y sobre todo una tradición que perdura hasta hoy.

Manteniendo el aura de misticismo que guardan las manos casi invisibles que salen de  estrechos agujeros, su comercialización en los tiempos actuales ha abierto la puerta a “tornos online”, a partir de la venta a través de páginas webs haciéndolos más accesibles desde casi cualquier lugar de España.

Postres medievales en conventos 

Así como en general hay postres típicos de conventos y monasterios, existen sitios muy tradicionales donde hornear era parte de la dinámica habitual, algunos incluso con su propia especialidad.

  1. Convento de San Pedro de Trujillo

Ubicado en la ciudad extremeña de Cáceres, este convento es un icono de las yemas de Pizarro. Se trata de un dulce artesanal que suele elaborarse únicamente con yemas de huevo y azúcar

A ellas se suman otros clásicos como las bolluelaspastas de coco (hechas con coco rallado, azúcar y huevos), palmeritas de hojaldre (a base de masa de hojaldre y azúcar), pestiños (con harina de trigo, aceite de oliva, vino blanco o aguardiente, azúcar y miel), las perrunillas de manteca (también con harina de trigo, azúcar, huevos, a la que se le añade manteca de cerdo y ralladura de limón o anís)  y tocinos del cielo (basta con mezclar yemas de huevo, azúcar y agua).

  1. Convento de San Leandro

Pero la tradición no se limita a Extremadura. En Sevilla, las agustinas del convento de San Leandro preparan desde el siglo XVI las célebres yemas de San Leandro, que a diferencia de las de Pizarro, se le añaden unas gotas de limón. Aunque las proporciones exactas es secreto de monasterio. Ellas se suelen presentar en delicadas cajitas de madera.

  1.  Convento de San Clemente

Por su parte, Toledo atesora otro imprescindible de esta tradición: el convento de San Clemente, el cual reclama la paternidad de un clásico navideño como el mazapán, un dulce que, según algunas versiones, surgió en el siglo XIII durante la batalla de las Navas de Tolosa. 

Dicen que surgió de la escasez, como alternativa al trigo para alimentar a la población. A las monjas se les ocurrió mezclar lo que sí tenían en abundancia: almendras y azúcar. El resultado fue un dulce que ha trascendido fronteras y que persiste entre los favoritos de tantísimas generaciones. 

  1.  Convento de Santa Clara

De Valladolid, son hijos los amarguillos, pastas de almendra de textura densa y exterior crujiente, que a menudo se acompañan con café o chocolate caliente. Hechos por  las clarisas del convento de Santa Clara, quienes también elaboran otros muy típicos y populares como mantecados, hojaldres, coquitos, palitos de París, pastas de almendra, y roscones de reyes

  1. Convento de clausura de Santa Inés en Sevilla

En cambio, en Sevilla, las clarisas del convento de Santa Inés elaboran desde 1600 los bollitos de Santa Inés, simples en ingredientes —harina, aceite, azúcar y ajonjolí—, pero complejos en sabor y tradición.

  1. Convento de Nuestra Señora de la Piedad

Mientras, en Palencia, las dominicas del convento de Nuestra Señora de la Piedad mantienen viva la receta de las rosquillas de Santa Rosa, a base de anís y merengue artesanal.

No obstante, a pesar de ser recetas sinónimo de tradición, estos postres han sido foco de innovación también, como lo demuestran las flores de Santa Brígida, elaboradas en Paredes de Nava (Palencia). Este dulce, a base de nata y almendra, nació gracias a un curso impartido por Le Cordon Bleu en 2023 al que asistieron algunas religiosas. Creación nueva, pero, a fin de cuentas, otra muestra dulce de sencillez bajo el mismo concepto. 

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